El casi-cristiano

Predicado en Oxford, el 25 de julio de 1741

(Traducción ligeramente abreviada)

“Casi me persuades a ser cristiano.” (Hechos 26:28)

Y hay muchos que llegan hasta este punto: Desde que el cristianismo está en el mundo, ha habido muchos en cada época y nación, que fueron casi persuadidos a ser cristianos. Pero al ver que no nos sirve para nada ante Dios, llegar solamente a este punto, nos importa mucho considerar:

1. ¿Qué está implicado en ser casi,

2, y ¿qué está implicado en ser completamente, un cristiano?

(I.) 1. En el ser casi un cristiano está implicado, primero, una honestidad pagana.
Aun los paganos comunes esperaban unos de otros cierta honestidad, y muchos la practicaban. Ellos fueron enseñados que no debían ser injustos; que no quiten los bienes de sus prójimos; que no opriman a los pobres; que no usen extorsión contra nadie; que no engañen en los negocios; y, en lo posible, no deber nada a nadie.

2. Además, los paganos comunes estimaban la verdad y la justicia. Por tanto, ellos abominaban al perjurador, al que invocaba a Dios como testigo por una mentira; y también abominaban al que calumniaba a su prójimo y al mentiroso.

3. Y además, ellos esperaban cierto amor y ayuda mutua unos de los otros. Esto incluía alimentar a los hambrientos, vestir a los que no tenían ropa, y en general, dar a los necesitados las cosas que uno mismo no necesitaba. Hasta este punto iba la honestidad pagana, lo primero que está implicado en ser casi un cristiano.

(II.) 4. Una segunda cosa implicada en ser casi un cristiano, es el tener una forma de piedad; de aquella piedad que es prescrita en el evangelio de Cristo; el tener la apariencia exterior de un cristiano verdadero.
Por tanto, el casi-cristiano no hace nada de lo que el evangelio prohíbe. No toma el nombre de Dios en vano; bendice y no maldice; no jura, sino su comunicación es sí, sí, no, no. El no profana el día del Señor. El evita todo adulterio, fornicación, impureza, y aun toda palabra o mirada que pueda tener esta tendencia. El se abstiene de toda palabra ociosa, toda malicia, y todo tipo de bromas necias – en breve, de toda conversación que no edifica.

5. El se abstiene del “vino en el cual hay disolución”, y de la glotonería. El evita, por cuanto dependa de él, todo conflicto y contención. Y si sufre alguna injusticia, no se venga a sí mismo, ni devuelve mal por mal. En todo lo que hace y dice, actúa según la regla: “Lo que no quieres que los demás te hagan a tí, no les hagas a ellos.”

6. El se esfuerza para hacer bien a muchos; todo lo que su mano encuentra a hacer, lo hace con todas sus fuerzas, sea para sus amigos o para sus enemigos. Mientras tiene la oportunidad, hace toda clase de bien, para todos los hombres, tanto para sus almas como para sus cuerpos. El reprende a los malvados, instruye a los ignorantes, anima a los buenos, consuela a los afligidos, despierta a los que duermen, y guía a los que Dios ya despertó a la “fuente abierta para limpar del pecado y de la impureza”.

7. El que tiene esta forma de piedad, usa también los medios de la gracia, en todas las oportunidades. Constantemente asiste a la casa de Dios – y esto no con una actitud de vanidad o de indiferencia, sino con seriedad y atención en cada parte del servicio. Especialmente cuando se acerca a la mesa del Señor, lo hace con una actitud que no dice nada más que: “Dios, ¡ten misericordia conmigo, que soy pecador!”

8. A esto añadimos el uso constante de la oración en familia, y los tiempos diarios de pasar tiempo con Dios en privado. El que practica todo esto, tiene la forma de piedad. Y entonces, falta solo una cosa más para que esta persona sea casi un cristiano; y esto es la sinceridad.

(III.) 9. Con sinceridad quiero decir, un verdadero principio interior de religión, de donde fluyen estas acciones exteriores. Y si no tenemos esto, entonces no tenemos honestidad pagana – no en la manera como lo demanda un poeta epicúreo. Aun este pobre perdido, en sus momentos sobrios, es capaz de testificar:
“Los hombres buenos evitan el pecado por amor a la virtud; Los hombres malos evitan el pecado por miedo al castigo.”
Entonces, si alguien se abstiene de hacer lo malo, solo para evitar el castigo, el pagano ni siquiera lo toma por un buen hombre.
Entonces, si alguien no solo se abstiene de hacer lo malo, sino hace muchas obras buenas y usa todos los medios de la gracia; pero lo hace solo para no ser castigado, o para no perder a sus amigos o sus bienes o su reputación – de este hombre no podríamos decir que es casi un cristiano; es solo un hipócrita.

10. Por tanto, la sinceridad tiene que estar presente necesariamente en un casi-cristiano; un verdadero deseo de servir a Dios. El casi-cristiano tiene un deseo sincero de agradar a Dios en todas las cosas; en toda su conversación; en todas sus acciones.

11. Ahora probablemente alguien preguntará: “¿Será posible que alguien llegue hasta este punto, y sin embargo, sea solamente casi un cristiano? ¿Qué más, entonces, está implicado en ser completamente un cristiano?”
Yo respondo, Primero, que sí es posible llegar hasta este punto y ser nada más que un casi-cristiano. Esto lo aprendí no solo por la Palabra de Dios, sino también por la experiencia.

12. Hermanos, grande es mi audacia hacia ustedes en este asunto. Y perdónenme esta falta, si yo declaro mi propia locura desde las azoteas, por causa de ustedes y del evangelio. – Permítanme, entonces, hablar libremente de mi propia persona. Yo estoy contento con ser humillado para que ustedes sean exaltados, y con hacerme más vil para la gloria de mi Señor.

13. Yo mismo llegué hasta este punto por muchos años; diligentemente evitando toda maldad, para tener una consciencia completamente limpia; redimiendo el tiempo; usando toda oportunidad para hacer bien a todos los hombres; constantemente usando todos los medios de gracia; esforzándome para actuar con seriedad en todo; y Dios es mi testigo, haciendo todo esto con sinceridad, con un verdadero deseo de servir a Dios, para llegar a la vida eterna. Sin embargo, mi propia consciencia me testifica en el Espíritu Santo, que durante todo ese tiempo yo era solamente un casi-cristiano.

II. A la pregunta, ¿Qué más está implicado en ser un cristiano completo? – yo respondo:

(I.) 1. Primero, el amor a Dios. Porque así dice Su palabra: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas.” – Un tal amor es este, que cautiva el corazón entero, que toma posesión de todos los afectos, que llena la capacidad entera del alma, y usa todas sus facultades. El que ama al Señor de esta manera, su espíritu se deleita continuamente en su Salvador, el Señor es su todo, y todos sus deseos son hacia Dios, y su corazón clama todo el tiempo: “¿A quién tengo en el cielo sino a ti? y no deseo nada en la tierra aparte de ti.” No puede desear otra cosa, porque “él es crucificado para el mundo, y el mundo para él.”

(II.) 2. Lo segundo que está implicado en ser un cristiano completo, es el amor al prójimo. Si alguien pregunta ¿Quién es mi prójimo?, respondemos: Toda persona en el mundo. Ni podemos exceptuar a nuestros enemigos, o a los enemigos de Dios. Cada cristiano les ama a ellos también como a sí mismo, sí, “como Cristo nos amó a nosotros”.
El que quisiera comprender más completamente la clase de amor que es este, que considere la descripción por Pablo. Es “sufrido y benigno”. “No tiene envidia”. “No es jactancioso” – el que ama así, se hace a sí mismo el último y el siervo de todos. El amor “no hace nada indebido”, sino se hace “todo para todos”. “No busca lo suyo”, sino solamente el bien de los demás, para que sean salvos. “El amor no se irrita, no guarda rencor” (el que tiene rencor, tiene falta de amor). “No es malpensado. No se goza de la injusticia, sino se goza de la verdad. Cubre todo, cree todo, espera todo, soporta todo.”

(III.) 3. Algo más tenemos que considerar aparte, aunque no se puede separar de lo dicho; y este es el fondo de todo: la fe. Cosas muy excelentes se dicen de ella en la palabra de Dios. “Cada uno que cree”, dice el discípulo amado, “es nacido de Dios.” – “A los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” – Y “esta es la victoria que venció al mundo, nuestra fe.” – Sí, nuestro Señor mismo declara: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; y no viene en condenación, sino ha pasado de muerte a vida.”

4. Pero que nadie engañe a su propia alma. Debemos notar que la fe que no produce arrepentimiento, y amor, y buenas obras, no es esta fe verdadera y viva, sino una fe muerta y diabólica. Pues aun los diablos creen que Cristo nació de una virgen; que El hizo toda clase de milagros; que El sufrió una muerte sumamente dolorosa por nosotros, para redimirnos de la muerte eterna; que El resucitó al tercer día; que El ascendió al cielo y está sentado a la diestra del Padre; y que El regresará al fin del mundo para juzgar a los vivos y a los muertos. Todo esto lo creen los diablos, y todo lo que está escrito en el Antiguo y Nuevo Testamento. Pero con toda esta fe, ellos no son nada más que diablos. Ellos permanecen en su estado condenado porque les falta la verdadera fe cristiana.

5. La verdadera fe cristiana es, no solo creer que las Sagradas Escrituras son verdaderas, sino tener también una confianza segura de ser salvo de la condenación eterna por Cristo. Es una confianza segura que un hombre tiene en Dios, que por los méritos de Cristo, sus pecados son perdonados, y que él es reconciliado al favor de Dios; de lo que sigue un corazón de amor, para obedecer a Sus mandamientos.

6. Ahora, el que tiene esta fe, que purifica el corazón (por el poder de Dios que vive dentro) de orgullo, ira, deseos, de toda injusticia; que lo llena con un amor más fuerte que la muerte, hacia Dios y hacia toda la humanidad; un amor que hace las obras de Dios y se gloría en gastarse y ser gastado a favor de todos los hombres; y que soporta con gozo el reproche por causa de Cristo, el ser ridiculizado, rechazado, y odiado por todos los hombres, y aun todo lo que la sabiduría de Dios permita que le inflijan la malicia de los hombres y de los diablos. El que tiene esta fe, que así obra en amor, es no solo casi, sino completamente un cristiano.

7. ¿Quiénes pueden testificar de esto? – Les imploro, hermanos, en la presencia de Dios ante quien el infierno y la destrucción están descubiertos, y mucho más los corazones de los hombres, que cada uno pregunte a su propio corazón: ¿Soy yo uno de ellos? ¿Practico yo tanta justicia, misericordia y verdad, como lo requieren aun las reglas de la honestidad pagana? ¿Tengo yo por lo menos la forma exterior de un cristiano? ¿Me abstengo de hacer lo malo, de todo lo que está prohibido en la palabra escrita de Dios? ¿Hago yo todo lo bueno que mis manos encuentran a hacer, y lo hago con todas mis fuerzas? ¿Utilizo seriamente todas las ordenanzas de Dios, en todas las oportunidades? ¿Y hago todo esto con un deseo sincero de agradar a Dios en todo?

8. ¿No hay muchos entre ustedes que están conscientes de que nunca llegaron hasta este punto; que ni siquiera son casi-cristianos; que ni siquiera alcanzan al estándar de la honestidad pagana, y mucho menos a la forma de piedad cristiana? – y mucho menos que Dios haya visto sinceridad en ustedes. Ustedes nunca siquiera intentaron dedicar a Su gloria todas sus palabras y obras, sus negocios, estudios, diversiones. Ustedes nunca siquiera deseaban hacer todo lo hacen “en el nombre del Señor Jesús” para que sea “un sacrificio espiritual, aceptable a Dios por Cristo.”

9. Pero, suponiendo que hiciste todo esto, ¿las buenas intenciones y los buenos deseos ya hacen un cristiano? De ninguna manera, si las intenciones no se cumplen. Alguien dijo: “El camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones.” Entonces, permanece la pregunta más grande de todas. ¿Está el amor de Dios derramado en tu corazón? ¿Puedes clamar: “Mi Dios, y mi todo”? ¿Deseas nada más que a El? ¿Te deleitas en Dios? ¿Es El tu gloria, tu delicia, tu corona de gozo? ¿Y está este mandamiento escrito en tu corazón: “El que ama a Dios, que ame también a su hermano”? ¿Amas a tu prójimo como a ti mismo? ¿Amas a cada persona, aun a tus enemigos, aun a los enemigos de Dios, como a tu propia alma? ¿como Cristo te amó a ti? ¿Y crees que Cristo te amó a ti, y se dio a sí mismo por ti? ¿Tienes fe en Su sangre? ¿Crees que el Cordero de Dios quitó tus pecados, y los echó a lo más profundo del mar? ¿que El borró la acusación que estaba en tu contra, la quitó y la clavó a la cruz? ¿Tienes realmente la redención por Su sangre, la remisión de tus pecados? ¿Y testifica Su Espíritu con tu espíritu, de que eres un hijo de Dios?

10. El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que ahora está parado en medio nuestro, sabe, que si alguien muere sin esta fe y este amor, mejor le sería que nunca hubiera nacido. Despierta, por tanto, tu que duermes, e invoca a tu Dios: llámale el día que puede ser encontrado. No le des reposo hasta que El haga “pasar Su bondad delante de ti”, hasta que El proclame sobre ti el nombre del Señor, “El Señor, el Señor Dios, misericordioso y lleno de gracia, tardo para la ira, y grande en bondad y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado.”
No dejes que nadie te persuada con palabras vanas, que te contentes con algo menos que este premio de tu llamado sublime. Pero clama de día y de noche a Aquel quien, “mientras nosotros éramos débiles, murió por los impíos”; hasta que tú sepas en quien has creído, y puedas decir: “¡Mi Señor y mi Dios!” – Recuérdate de orar siempre y no debilitarte, hasta que tú también puedas alzar tu mano al cielo y declarar al que vive por siempre: “Señor, tú sabes todo, tú sabes que yo te amo.”

11. Así, ¡que todos nosotros podamos experimentar lo que es, ser no solamente casi, sino completamente cristianos; ser justificados gratuitamente por Su gracia, por la redención que está en Jesús; saber que tenemos paz con Dios por Jesucristo; gozarnos en la esperanza de la gloria de Dios; y tener el amor de Dios derramado en nuestros corazones, por el Espíritu Santo que nos fue dado!

 Fuente:

http://www.altisimo.net/maestros/Wesley-casi-cristiano.htm

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