RITOS SIN VIDA

 

 

 
Ritos sin vida
Es tentador reducir la relación con Dios a una serie de ritos
Versículo: Hebreos 8:1-7

 

8:1 Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, aquel que se sentó a la *derecha del trono de la Majestad en el cielo,
8:2 el que sirve en el *santuario, es decir, en el verdadero tabernáculo levantado por el Señor y no por ningún *ser humano.
8:3 A todo sumo sacerdote se le nombra para presentar ofrendas y sacrificios, por lo cual es necesario que también tenga algo que ofrecer.
8:4 Si Jesús estuviera en la tierra, no sería sacerdote, pues aquí ya hay sacerdotes que presentan las ofrendas en conformidad con la ley.
8:5 Estos sacerdotes sirven en un santuario que es copia y sombra del que está en el cielo, tal como se le advirtió a Moisés cuando estaba a punto de construir el tabernáculo: «Asegúrate de hacerlo todo según el modelo que se te ha mostrado en la montaña.»
8:6 Pero el servicio sacerdotal que Jesús ha recibido es superior al de ellos, así como el pacto del cual es mediador es superior al antiguo, puesto que se basa en mejores promesas.
8:7 Efectivamente, si ese primer pacto hubiera sido *perfecto, no habría lugar para un segundo pacto. 

 

 
 
El propósito de esta serie de reflexiones no es un análisis exhaustivo del contenido de la epístola. Al acercarnos a un manuscrito que fue escrito hace dos mil años debemos asumir que el contexto y la cultura del original fueron radicalmente diferentes a los nuestros. Esto no le quita, de ningún modo, relevancia al mensaje. No obstante, mi interés es tratar de identificar el mensaje central de la carta que tiene particular significado para nosotros en este tiempo. Otros eruditos, mucho mejor capacitados que yo, pueden guiar a quienes desean realizar un estudio exhaustivo del contenido de Hebreos.No debemos perder de vista que el autor ya ha expresado cuál es su mayor frustración: «… tenemos mucho que decir, aunque no es fácil explicarlo porque ustedes son lentos para entender» (5.11 – RVC). Comprender ciertas verdades relacionadas al Reino no tiene que ver con la mente, sino con el espíritu. El discernimiento necesario para esta comprensión es el fruto del compromiso de vivir en la Verdad revelada, no de la agilidad intelectual.

 

Por esto, el autor de la epístola se ve obligado a entrar en una larga comparación entre el rol del sumo sacerdote terrenal y el celestial, que es Cristo. Gran parte del capítulo ocho y nueve continuarán con este laborioso trabajo. Nuestra falta de conocimiento de las prácticas relacionadas con el sacrificio de animales y los ritos que desarrollaban los sacerdotes en el templo, hace que parte de este mensaje pierda su significado.

Quisiera, no obstante, señalar esto: como seres humanos, tenemos una tendencia incorregible hacia la institucionalización de los movimientos. Es decir, algo que fue levantado para ayudarnos en nuestro caminar diario termina convirtiéndose en una estructura que nos aprisiona. Cuando una estructura ha pasado a ser parte de lo que somos demostramos una desconcertante lealtad hacia ella aunque ya no cumpla en nosotros su propósito original.Vivimos con el mismo exasperante apego por los ritos religiosos que poseían los Israelitas.
Todo el argumento del autor gira en torno al hecho de que sus lectores demuestran un apego enfermizo por un sistema religioso que ya no tiene vigencia, cuyas debilidades son más que aparentes. Por esto, laboriosamente demuestra la ineficacia del mismo, con la esperanza de que lo abandonen.

Nosotros no nos movemos dentro de la estructura que gobernaba la vida de los israelitas. No obstante, mostramos la misma exasperante inclinación por apegarnos a estructuras religiosas. Ciertos ritos dentro de nuestras reuniones son sagrados, aunque hace mucho tiempo han perdido su capacidad de tocar nuestros corazones. Debemos saber que toda rutina, aunque buena para establecer ciertas disciplinas, posee también la peligrosa tendencia a adormecer nuestros espíritus. Cuando nuestra relación con el Señor pasa de una aventura a un rito vacío de significado, estamos en problemas. Al igual que los tres discípulos en Getsemaní, estamos cerca del Señor, ¡pero dormidos!

Ni bien percibamos que el aburrimiento y el fastidio comienzan a asomar en nuestro corazón, debemos hacer sonar la alarma. ¡Es hora de despertarse! Volvamos, con urgencia, a recuperar nuestro primer amor.

© Desarrollo Cristiano Internacional 2013. Se reservan todos los derechos.
 
fuente:
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