LAS TRES ETAPAS EN LA CONVERSIÓN –  BAJO EL PECADO, BAJO LA LEY, LLEVADO A CRISTO

 

por el Dr. R. L. Hymers, Jr.

 

Un sermón predicado el Día del Señor en la Noche, 3 de Abril de 2005 
en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles

“Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes. Pero antes que viniese la fe, estábamos confinadosbajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3:22-26).

 

Aquí se nos da un retrato maravillosamente claro de los tres estados por los que atraviesa un pecador, por la gracia de Dios resultando en la salvación. Mira a estos versos conmigo y trata de ver lo mejor que puedas en cuál de esas etapas estás tú ahorita mismo.

I. Primero, tú vienes a la iglesia como hombre natural, bajo pecado.

Primero, el verso 22, “encerró todo bajo pecado”. Ese es el modo en que tú entras a nuestra iglesia del evangelismo, o por haber nacido y sido criado en la iglesia. No hay diferencia en que hayas venido por medio del evangelismo, o por haber nacido y haber sido criado en la iglesia. Ambos grupos entran a la iglesia local “bajo pecado”.

“Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado” (Gálatas 3:22).

Esto muestra que tú vienes a la iglesia en un estado natural, ya sea que hayas nacido en la iglesia, o hayas sido traído por medio del evangelismo. En cualquier caso, eres un “hombre natural” “bajo pecado”.

Con las palabras “bajo pecado” queremos decir lo que el Apóstol Pablo describe cuando dice:

“Todos están bajo pecado” (Romanos 3:9).

El pecado tiene control completo sobre tu mente natural, de modo que no puedes hacer y ni siquiera pensar cosas verdaderamente espirituales. Eso es lo que significa estar “bajo pecado”. Quiere decir que tú estás completamente dominado por el pecado.

Con las palabras “hombre natural” queremos decir el hombre inconverso. Este término “hombre natural” aparece en la Primera Epístola del Apóstol Pablo a los Corintios, donde dice:

“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”
      (I Corintios 2:14).

Tú vienes a la iglesia ya sea por nacimiento o por el evangelismo como hombre natural bajo pecado.

La Biblia describe tu condición como un estado de sueño – completamente ignorante de Dios, sin conocer por experiencia nada de Él, como deberías de conocerlo. Tú estás bien dormido. De cierto modo estás descansando, pero es el “descanso” de la muerte, la paz de un hombre muerto. Porque estás durmiendo en un estado de muerte, también estás seguro. No ves que estás perdido, y que estás a la misma orilla del Infierno. Por lo tanto no sientes tu verdadero peligro, y no temes el juicio.

En esta condición de hombre perdido, bajo pecado, podrás experimentar cierta clase de gozo al venir a la iglesia. Oyes los cantos de gozo. Ves a los jóvenes llenos de vida. Te gusta venir acá. Pero estás espiritualmente dormido, muerto en pecado, bajo el estupefaciente del pecado, que te mantiene dormido al mensaje que predicamos.

Aunque disfrutes venir a la iglesia por la felicidad que sientes acá, no tienes conexión con Dios, sin ningun pensamiento de Dios.

“El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; No hay Dios en ninguno de sus pensamientos” (Salmo 10:4).

De ese modo vienes a la iglesia, ya sea que hayas sido criado aquí o hayas venido por medio del evangelismo. Tú viniste como un hombre natural, bajo pecado. Dios no está en ninguno de tus pensamientos.

“Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado…” (Gálatas 3:22).

II. Segundo, tú puedes venir bajo la ley.

Dios no te deja dormido, en un estado natural de muerte. Por Su gracia Él te trae bajo el juicio de la ley para que te des cuenta de tu pecaminosa condición perdida. Leámos Gálatas 3:22-23 de pie y en voz alta.

“Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes. Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada” (Gálatas 3:22-23).

Se pueden sentar.

“Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley,” (Gálatas 3:23).

Es un error pensar que el Apóstol está hablando solamente de los Judíos “confinados bajo la ley”. Los versos 26 al 29 muestran que este pasaje entero se refiere a la raza humana entera, especialmente el verso 28. También el verso 22 dice: “La Escritura lo encerró todo bajo pecado” (Gálatas 3:22). Esto nos recuerda de lo que el Apóstol hablaba en Romanos 3:9,

“Pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado” (Romanos 3:9).

Por lo tanto, yo creo que es mejor decir, ya que “todos” están bajo pecado (Gálatas 3:22), que el verso 23 se le aplica a todas las personas despertadas antes de la conversion. Yo creo que este verso es un retrato de un pecador despierto.

“Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada”
      (Gálatas 3:23).

Dios te saca de estar “bajo pecado” a estar “bajo la ley”. Nota las palabras “bajo pecado” en el verso 22. Subraya esas dos palabras. Luego nota las palabras “bajo la ley” en el verso 23. Subraya esas tres palabras.

Toda la gente, Judíos o Gentiles, que experimenta la fe que salva en Cristo, pasan de estar “bajo pecado” a estar “bajo la ley”.

“Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada” 
      (Gálatas 3:23).

El gran comentarista Matthew Henry, dio dicho sentido del verso al decir:

La ley fue dada para convencer a los hombres de la necesidad de un Salvador…Todos, Judíos y Gentiles, están en un estado de culpa…La ley descubrió sus heridas, pero no podía proveer el remedio; mostraba que eran culpables…para que siendo convencidos de su culpa…pudiesen ser persuadidos a creer en Cristo (Traducción de Matthew Henry’s Commentary on the Whole Bible, Hendrickson, re-impresión de 1991, tomo 6, pagina 533).

Yo creo que John Wesley estaba equivocado tocante a la santificación. Pero estaba absolutamente correcto y bajo el pensamiento Protestante central sobre la depravación humana y la salvación por gracia. ¿Quién puede estar en desacuerdo con Wesley en que Dios no deja a aquellos que Él salva en un estado natural? ¿Quién puede estar en desacuerdo con él en que Dios trae a aquellos a quienes Él salva bajo el juicio de la ley, para que sean despertados a su condición perdida? Por lo tanto, Wesley dice que normalmente no debemos empezar

Predicando el evangelio, sin hablar de nada aparte de los sufrimientos y méritos de Cristo…No llena el primer fin de la ley, que es el convencer a los hombres del pecado; el despertar a aquellos que están aun dormidos al borde del infierno…El método ordinario de Dios es convencer a los hombres de pecado por medio de la ley, y eso solamente…Por lo tanto sería absurdo ofrecerle un médico a aquellos que están sanos, o que al menos se consideran estarlo. Primero tienes que convencerlos de estar enfermos; si no, no te darán las gracias por tu esfuerzo. Sería igual de absurdo ofrecerles a Cristo a aquellos de corazón sano, que no ha sido todavía quebrantado (Traducción de John Wesley, M.A., Sermons, II, pagina 61).

Ese era el modo anticuado de predicar, de los Bautistas, Presbiterianos y Metodistas. El propósito de los predicadores de antaño era traer a los pecadores que no estaban despiertos “bajo la ley” – y creo que ese es el empuje evangelistico del verso 23.

“Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada” (Gálatas 3:23).

Estoy seguro de que oirémos mucho acerca del Antiguo y del Nuevo Pacto, de los cuales se habla aquí en la predicación “moderna”. ¿Pero es eso solamente de lo que Pablo estaba hablando? ¡Claro que no! Él también estaba hablando de cómo la gente es salva hoy en día. Primero, están “bajo pecado” (v.22). Luego también son “confinados bajo la ley” (v. 23) “antes que viniese la fe”.

¿No fue esa la experiencia exacta de nuestro gran padre Bautista, John Bunyan,? Si piensas que estoy equivocado, lee su testimonio, Grace Abounding to the Chief of Sinners. ¿No fue esa la experiencia exacta de Lutero y Wesley, así como de Bunyan? ¿No fue esa la experiencia exacta de Spurgeon, el más grande predicador Bautista de todas las edades? ¿No fue esa la experiencia exacta de cientos de miles de personas en el Primer, el Segundo y el Tercer Gran Despertamiento? Y ya que fue esa su experiencia, ¿somos nosotros hoy más listos que ellos? ¡No lo creo!

Creo que necesitamos mucha más predicación de la ley hoy en día. Ese es uno de los elementos ausentes en la predicación “moderna”. La mayoría de la predicación moderna presenta el evangelio sin mostrarle primero al pecador por qué lo necesita – al predicar la ley y la ira de Dios contra el pecado.

Yo debo decirte que estás perdido. Vas para el Infierno. Sí, al Infierno. Tú eres un gran pecador ante los ojos de un Dios tres veces santo. Nada que hagas o digas puede cambiarte de ser una persona perdida. Tú naciste en pecado. Tú has vivido en el pecado toda tu vida. Tú estás bajo pecado. El pecado tiene dominio total sobre ti. Además, tú estás bajo la ley. La ley de Dios revela tu pecado. Describe tu estado natural. Describe tu corazón pecaminoso, al igual que tus hechos pecaminosos. Muestra que no le tienes amor a Dios. Muestra que estás en rebelión contra Dios. Describe tu final:

“Y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche” (Apocalipsis 14:11).

“E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eternal” (Mateo 25:46).

¿Has sentido alguna de estas cosas? ¿Has venido “bajo la ley”? ¿Relampaguea la ley de Dios en tu cabeza como un rayo? Si has sentido alguna de estas cosas, entonces, por amor de tu alma eterna, ven a Jesucristo – ¡y hazlo ahora mismo!

III. Tercero, tú puedes venir a Cristo y ser justificado.

Mira a Gálatas 3:24. Leamos este verso de pie y en voz alta.

“De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe”
      (Gálatas 3:24).

Se pueden sentar. La palabra “ayo” en el Griego es “paidagogos”. Significa “el que te lleva al Maestro” (ver J. Vernon McGee, Thru the Bible, Nelson, 1983, tomo V, pp. 172-173).

La ley te “lleva” a Cristo. Cuando la ley ha hecho su obra, y tú eres convencido de pecado, la ley ha de

“llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe” (Gálatas 3:24).

Citaré a John Wesley de Nuevo sobre este tema. He escogido a propósito citar al fundador del Metodismo, porque él no era Calvinista de los cinco-puntos. Lo cito para mostrar que ésta era la enseñanza general de todos los Protestantes (y Bautistas) antes de que Charles G. Finney llevase el evangelismo a la ruina del “decisionismo”. John Wesley dijo:

Sin duda su primer uso [de la ley], es convencer al mundo de pecado. Esto es de hecho una obra peculiar del Espíritu Santo; quien puede obrar sin medio alguno, o por cualquier medio que Le plazca…Pero el método ordinario del Espíritu de Dios es convictar al pecador por medio de la ley…Por este medio el pecador es descubierto a sí mismo. Todas las hojas de higuera le son arrancadas, y ve que es “desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” [Apocalipsis 3:17]. La ley lanza convicción por todos lados. Él se siente pecador. No tiene con qué pagar. Su “boca se cierra” y queda “bajo el juicio de Dios” [Romanos 3:19] (Traducción de citación por John S. Simon, John Wesley, the Master Builder, The Epworth Press, 1927, pp. 294-297).

La obra de la convicción y del despertamiento bajo la ley puede ocurrir como una puñalada súbita al corazón, como la experimentó el ladrón (Lucas 23:40-41), o puede ser prolongada, como en el caso de Cornelio (Hechos 10:1-48). Pero, sea corta o larga, la convicción por la fuerza de condenación de la ley, es generalmente el caso cuando los pecadores son despertados, convictos y preparados para “la justificación por la fe”.

Algunas personas dicen que este es exclusivamente el punto de vista de Calvinistas de los cinco-puntos, pero he mostrado que también era el punto de vista de John Wesley, un Arminiano clásico. Ahora mostraré que también era el punto de vista de Martín Lutero, el hombre que Dios usó para comenzar la Reformación. Lutero, igual que Wesley, no era Calvinista de los cinco-puntos. Martín Lutero dijo:

Si has de ser convertido, es necesario que estés aterrorizado, o sea, que tengas una consciencia alarmada y atemorizada. Después de que tal condición se haya creado, tienes que agarrar la consolación que no viene de ninguna otra obra que tú hagas, sino que de la obra de Dios. Él envió a Su Hijo Jesucristo a este mundo para proclamarle a los pecadores aterrorizados la misericordia de Dios. De este modo llega la conversion; otros modos son erróneos (Traducción de Martín Lutero, Exposition of Psalm 51:13, D.C. 1532).

Aquí Lutero se refiere a la humillación y a la convicción que antecede a la fe, y prepara al corazón para la fe en Cristo que salva.

Aquí, nuestro gran predicador y autor Bautista, John Bunyan ahora describe este despertamiento y convicción en su propia alma antes de haber venido a Jesús por fe. Bunyan dijo:

Ante esto [las palabras de las mujeres que le testificaron] mi propio corazón se comenzó a estremecer, desconfiando de que mi condición no era nada [no salva]; porque ví que en todos mis pensamientos acerca de la religión y la salvación, nunca había entrado en mi mente el nuevo nacimiento, ni tampoco conocía el consuelo de la palabra, ni la promesa, ni el engaño y la falsedad de mi propio corazón (Traducción de John Bunyan, “Grace Abounding to the Chief of Sinners”, The Works of John Bunyan, Banner of Truth Trust, re-impresión de 1991, tomo I, pagina 10).

Y así hemos visto que John Wesley dijo: “El método ordinario del Espíritu de Dios es convictar al pecador por medio de la ley. Por este medio el pecador es descubierto ante sí mismo. Todas las hojas de higuera le son arrancadas, y ve que es ‘desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo'”.

Lutero dijo igualmente que “Si has de ser convertido, es necesario que estés aterrorizado… que tengas una conciencia alarmada y atemorizada”.

Bunyan dijo: “Mi propio corazón se comenzó a estremecer, desconfiando de que mi condición no era nada [no salva]”.

Finalmente escucha al gran Spurgeon, el príncipe de los predicadores Bautistas, describir los azotes que él recibió de la ley antes de ser convertido. Spurgeon dijo:

[Jamás] hubo alguien que recibiese un nuevo corazón, y que fuese reclamado del pecado que no tuviese una herida [de consciencia] de parte de Jesús …¡algun sermón solemne derritió por dentro nuestros corazones!…quién podrá decir cuánto cada una de estas heridas [de consciencia] contribuyeron con el matar de la ley, lo cual probó ser la eficaz obra de Dios?… Con mucho dolor yo sentí la maldad del pecado…Yo temía que el mismo cielo me caería encima y trituraría mi alma culpable. La ley de Dios me había acaparado, y me mostraba mis pecados. Si dormía en la noche, soñaba con el abismo sin fondo [el Infierno], y al despertar, sentía la miseria con la que había soñado…la ley de Dios me azotaba con azote de diez correas, y luego me sobaba con salmuera [ardiente], yo me estremecía y temblaba con dolor y angustia, y mi alma buscaba la muerte en vez de la vida, por tener tremendo dolor (Traducción de C. H. Spurgeon, Autobiography: The Early Years, Banner of Truth, re-impresión de 1985, tomo I, pp. 17-18).

Al fin, Spurgeon miró a Cristo y fue salvo. Pero fue la convicción de pecado por la ley que lo llevó a Cristo. Él dijo: “De mi niñez en adelante yo había oído el plan de la salvación por el sacrificio de Jesús; pero en el fondo de mi alma no lo conocía más que si hubiese nacido y sido criado como un pagano”, hasta que en la convicción el miró a Cristo (Traducción de C. H. Spurgeon, Autobiography: The Early Years, Banner of Truth, re-impresión de 1985, tomo I, pagina 80).

Para todos estos predicadores Protestantes y Bautistas clásicos, Wesley, Lutero, Bunyan y Spurgeon, nuestro texto se llenó de significado cuando dijo:

“De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe”
      (Gálatas 3:24).

Leámos de pie y en voz alta nuestro luminoso texto. Gálatas 3:24:

“De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe”
      (Gálatas 3:24).

Se pueden sentar. Estos hombres, Wesley, Lutero, Bunyan y Spurgeon, fueron sacados de estar “bajo pecado”, en la necia falta de cuidado por sus almas. Luego fueron traídos “bajo la ley” y se sintieron “encerrados para aquella fe” como pecadores sin esperanza. Y, al fin, fueron traídos por Dios, fuera de esta terrible condición de la ley de condenación, hacia Cristo. La convicción de la ley los llevó a Cristo para salvación. La convicción de la ley los llevó “a Cristo, a fin de que [fuesen] justificados por la fe” en Él solo.

Esta es una exposición y una aplicación sólida del camino a la fe para cada pecador perdido. Tú eras neciamente y descuidadamente un esclavo del pecado, bajo pecado. Dios penetró y te aterrorizó más o menos, por las amenazas de Su ley. Estas amenazas ardientes en tu consciencia finalmente te llevaron al Salvador, “a fin de que [fueses] justificado por la fe” en Él.

Pregúntate a tí mismo en qué estado te hallas esta noche. ¿Eres tú una persona espiritualmente necia, que solamente viene a la iglesia porque es algo divertido? ¿O eres un pecador convicto, que sabes que estás arruinado y perdido – que mereces la pena completa del pecado en el Infierno? ¿O eres tú una persona que está harta de ser condenada por sus pecados por su consciencia, y por Dios, que será llevada a Cristo para la justificación por medio de Su Sangre, y a la salvación completa por creer en Él con todo el corazón?

Cristo dijo:

“El que en él cree, no es condenado” (Juan 3:18).

Sal de tus caminos necios y ligeros. Ven bajo la maldición y las amenazas de la ley. Luego ven a Jesús a ser justificado, salvo, por medio de la fe en Él solo. Que Dios le conceda a alguna alma cansada, fatigada de los terrores de la ley, la gracia para venir a Jesús y ser salva esta noche. Él solo te puede salvar. Y Él solo te salvará. ¡Láncense a los brazos del amoroso Salvador! Él cancelará todo tu pecado, lo limpiará todo por Su Sangre, y te dará la salvación completa. Amén. 

fuente:

http://www.rlhymersjr.com/Online_Sermons_Spanish/040305PM_LasTresEtapasEnLaConversion.html

 

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