Sermón 53 – A la muerte de Jorge Whitefield

 

Números 23:10

Muera yo la muerte de los rectos, y mi postrimería sea como la suya.

1.         “Y mi postrimería sea como la suya”. ¿Cuántos de ustedes comparten este deseo Quizás pocos de esta numerosa congregación no lo compartan. ¡Que tal deseo pueda anidar en su mente! ¡Y que no se desvanezca hasta que sus almas también puedan reposar allí donde los impíos dejan de perturbar, y allí descansan los de agotadas fuerzas![1]

2.         No debe esperarse en esta ocasión una exposición elaborada del texto. Les apartaría demasiado del triste aunque grato recuerdo de su amado hermano, amigo y pastor; y también padre, porque ¡cuántos hay aquí que él engendró en el Señor![2] ¿No sería más apropiado a sus expectativas, así como a la solemnidad de esta ocasión, hablar directamente de este hombre de Dios a quien ustedes con frecuencia han escuchado platicar en este lugar La finalidad de cuya plática, ustedes saben, ha sido Jesucristo, es el mismo ayer, y hoy y por los siglos.[3]

Podemos pues,

Primero, prestar atención a algunos datos de su vida y muerte;

Segundo, prestar atención a su carácter; y,

Tercero, preguntarnos cómo podemos superar esta terrible situación, su repentina partida de entre nosotros.

I.1.       Podemos, en primer lugar, examinar unos pocos pormenores de su vida y muerte. Nació en Gloucester en diciembre de 1714,[4] y fue inscrito allí en una escuela primaria cuando tenía unos doce años de edad. A los diecisiete años comenzó, según su mejor entender, a tomar en serio la religión y a servir a Dios. Alrededor de los dieciocho se trasladó a la universidad y fue admitido en la Escuela Superior de Pembroke en Oxford. Y luego de un año tomó conocimiento de los así llamados metodistas, a quienes desde aquella época amó como a su propia alma.

2.         Fue convencido por ellos de que nos es necesario nacer de nuevo,[5] pues la religión exterior no nos aprovechará de nada. Se les unió para los ayunos de miércoles y viernes, para visitar a los enfermos y encarcelados, aprovechando todo instante, para que ningún momento fuera pérdida de tiempo; y cambió el curso de sus estudios, principalmente leyendo aquellos libros que se internaban en el corazón de la religión y conducían a la experiencia del conocimiento de Jesucristo y a éste crucificado.[6]

3.         Pronto fue puesto a prueba como con fuego. No sólo perdió su reputación y lo abandonaron algunos de sus mejores amigos, sino que fue probado interiormente y de la manera más severa. Pasó muchas noches insomne, muchos días postrado sobre el suelo. Pero luego de haber sufrido varios meses bajo el espíritu de esclavitud, a Dios le plugo quitarle la carga dándole el espíritu de adopción,[7] capacitándolo, por medio de una fe viviente, a aferrarse al Hijo amado.[8]

4.         Sin embargo, se pensó que para recuperar su salud, por entonces muy deteriorada, debería ir al campo. De acuerdo con esto marchó a Gloucester, donde Dios le permitió despertar a varios jóvenes. Muy pronto éstos se organizaron en una pequeña sociedad y fueron uno de los primeros frutos de su labor. Poco después comenzó a leer en voz alta dos o tres veces por semana para algunos pobres del pueblo, y todos los días a leer y orar con los presos de la cárcel del condado.

5.         Teniendo por entonces unos veintiún años de edad, se le pidió ingresar al ministerio. Pero tuvo gran temor, pues era muy consciente de su propia insuficiencia. Mas el mismo obispo envió por él y le dijo: “Aunque me propuse no ordenar a nadie menor de veintitrés años, no obstante a usted lo ordenaré cuando quiera que venga”; y dadas otras circunstan­cias coincidentes, obedeció y fue ordenado el Domingo de Trinidad de 1736.[9] Al domingo siguiente predicó a un atestado auditorio en la iglesia donde había sido bautizado. A la semana siguiente regresó a Oxford y recibió su título de Bachiller. Ahora se encontraba completamente ocupado; la atención a los encarcelados y a los pobres quedó principalmente bajo su responsabilidad.

6.         Mas no mucho después fue invitado a Londres para atender a la obra de un amigo que iba al campo.[10] Continuó allá dos meses, alojado en la Torre, teniendo a su cargo las devociones en la capilla dos veces por semana, catequizando y predicando una vez por semana, además de visitar diariamente a los soldados en las barracas y en la enfermería. También tenía a su cargo las oraciones vespertinas en la Capilla Wapping y predicaba en la cárcel de Ludgate cada martes. Mientras estaba allí le llegaron cartas de sus amigos desde Georgia, que lo hicieron anhelar viajar y ayudarles. Mas no teniendo muy claro su llamado, al momento oportuno retornó a su pequeño cargo en Oxford; donde varios jóvenes se reunían en su cuarto diariamente para edificarse uno a otro en su santísima fe.[11]

7.         Mas pronto fue llamado a reemplazar al sacerdote de Dummer en el condado de Hamp.[12] Allí tuvo a cargo las devociones dos veces por día, temprano por la mañana y a la noche luego que la gente volvía del trabajo. También diariamente catequizaba a los niños, y visitaba casa por casa. Por entonces dividía cada jornada en tres partes, dedicando ocho horas a dormir y comer, ocho a estudiar y hacer retiro, y ocho horas a las devociones, catecismo y visitación de la gente. ¿Acaso habrá un camino más excelente para un siervo de Cristo y su iglesia Si no es así ¿quien irá y hará lo mismo[13]

8.         No obstante su mente aún continuaba pensando en ir al extranjero. Y estando ahora plenamente convencido de estar llamado por Dios para ello, puso todas las cosas en orden, y en enero de 1737 fue a despedirse de sus amigos de Gloucester. Fue en este viaje que Dios comenzó a bendecir su ministerio de una manera poco común. Dondequiera predicaba, se congregaban sorprendentes multitudes de oyentes, en Gloucester, en Stonehouse, en Bath, en Brístol; de suerte que el calor sofocante de las iglesias era insoportable. Y el efecto causado en la mente de muchos no era menos extraordinario. Luego de su regreso a Londres, y mientras estaba retenido por el General Oglethorpe[14] de semana a semana y de mes a mes, agradó a Dios bendecir su palabra aún más. Y fue infatigable en su labor. Los domingos generalmente predicaba cuatro veces, a grandes auditorios, además de tener oficios dos o tres veces, y de caminar de un lado para otro, con frecuencia unos quince a veinte kilómetros.

9.         El 28 de diciembre (1737) partió de Londres. El 29 fue la primera vez que predicó sin notas. El 30 de diciembre abordó la nave; pero ésta demoró poco más de un mes antes de zarpar. Un efecto feliz de su muy lenta travesía la menciona en abril: “Bendito sea Dios, ahora vivimos muy cómodamente en la cabina grande. Poco hablamos que no sea de Dios y Cristo. (…) Y cuando estamos juntos, apenas se oye una palabra entre nosotros, sino aquella que haga referencia a nuestra caída en el primer Adán, y nuestro nuevo nacimiento en el segundo”.[15] De la misma manera parece que el breve tiempo que pasaron en Gibraltar fue de una providencia peculiar, pues ciudadanos y soldados, de alto o bajo rango, jóvenes y viejos, agradecieron el día de su visita.

10.       Desde el domingo 7 de mayo de 1738 hasta fines de agosto hizo plena prueba de su ministerio[16] en Georgia, particularmente en Savannah. Tuvo a cargo los devocionarios y exposiciones de la Palabra dos veces al día y visitó diariamente a los enfermos. Los domingos tenía exposiciones a las cinco de la mañana; a las diez devociones y predicación, lo mismo que a las tres de la tarde; y a las siete de la noche explicaba el Catecismo de la Iglesia. ¡Cuánto más fácil es para nuestros hermanos en el ministerio (sea en Inglaterra, Escocia o Irlanda) encontrar defectos de un obrero en la viña del Señor que seguir sus pasos!

11.       Fue por entonces que advirtió la deplorable condición de muchos niños en Georgia; y Dios puso en su corazón los primeros pensamientos para fundar un hogar de huérfanos. A este fin decidió solicitar contribuciones en Inglaterra, si Dios le diera un seguro retorno allá. Al siguiente diciembre retornó a Londres y un domingo, el 14 de enero de 1739, fue ordenado sacerdote en la Iglesia de Cristo, en Oxford. Al día siguiente vino a Londres nuevamente; y el domingo 21 predicó dos veces. Pero aunque los templos eran grandes y completamente atestados, no obstante centenares de personas quedaron en el camposanto, y otros cientos más debieron volverse a sus hogares. Esto le dio la primera idea de predicar al aire libre, mas cuando se lo mencionó a algunos amigos, consideraron que era una locura. Así que no lo llegó a poner en práctica sino después de haber dejado Londres. Fue un miércoles, febrero 21, que encontrando en Brístol todas las puertas de las iglesias cerradas (además de que ninguna iglesia tenía capacidad para la mitad de la congregación) a las tres de la tarde fue a Kingswood y predicó afuera, a unas dos mil personas. El viernes predicó allí de cuatro a cinco mil personas, y se estimó que el domingo a unas diez mil. El número aumentaba continuamente todo el tiempo que permaneció en Brístol. Y se encendió una llama de amor santo, que no será fácil extinguir. La misma fue luego encendida en varios lugares de Gales, y de los condados de Gloucester y Worcester. En verdad, dondequiera iba Dios confirmaba de forma abundante la palabra de su mensaje.

12.       El domingo 29 de abril predicó por primera vez en Moorfields y en el ejido de Kennington. Los miles de oyentes estuvieron tan silenciosos como en un templo. Estando de nuevo demorado en Inglaterra de mes a mes, realizó breves excursiones a varios condados, donde recibió la contribución de multitudes generosas para un orfanatorio en Georgia. El embargo que entonces se impuso a la navegación[17] le dejó tiempo libre para dar más viajes a través de varias partes de Inglaterra, por lo cual muchos tendrán razón de bendecir a Dios por toda la eternidad. Por fin, se embarcó el 14 de agosto, pero no arribó a Pennsylvania sino hasta el 30 de octubre. Posteriormente viajó a través de Pennsylvania, las Jerseys, Nueva York, Maryland, Virginia, Carolina del Norte y del Sur, predicando siempre a congregaciones inmensas, con un efecto tan grande e importante como en Inglaterra. El 10 de enero de 1740 arribó a Savannah.

13.       El 29 de enero agregó tres huérfanos desamparados a los cerca de veinte que tenía en su casa desde antes. Al día siguiente hizo el trazado del terreno para la casa, a unos 15 kilómetros de Savannah. El 11 de febrero incorporó a cuatro huérfanos más, y salió en dirección a Frederica[18] a fin de traer a los huérfanos que se encontraban en el sur de la colonia. A su retorno organizó una escuela, tanto para niños como para adultos, en Darien,[19] y de allí tomó cuatro huérfanos. El 25 de marzo colocó la primera piedra del orfanatorio al cual, con gran propiedad, dio el nombre de Betesda.[20] Es una obra por la cual niños aún no nacidos alabarán al Señor. Tenía ahora unos cuarenta huérfanos, así que había cerca de cien bocas para alimentar a diario. Pero no estaba para nada afanoso,[21] confiando su cuidado a quien dasu…mantenimiento a los hijos de los cuervos que claman.[22]

14.       En abril hizo otra gira por Pennsylvania, las Jerseys y Nueva York. Multitudes increíbles se congregaban para escucharlo, entre las cuales había abundancia de negros. En todos los lugares la mayoría de los oyentes eran afectados a un grado sorprendente. Muchos fueron profundamente convenci­dos de su estado de perdición; muchos se convirtieron verdaderamente a Dios. En algunos lugares miles de personas clamaban en voz alta; muchos como en agonía de muerte; muchos bañados en lágrimas; algunos pálidos como de muerte; otros retorciendo sus manos; otros echándose al suelo; otros hundiéndose en los brazos de sus amigos; casi todos levantan­do los ojos y pidiendo misericordia.

15.       Retornó a Savannah el 5 de junio. Durante el servicio público de la noche siguiente, la congregación entera, jóvenes y viejos, se deshacían en lágrimas. Luego del servicio varios de los feligreses, y todas sus familias, particularmente los niños, regresaron a sus hogares llorando por las calles, y algunos no podían menos que orar en voz alta. Los gemidos y el llanto de los niños continuaron toda la noche así como gran parte del día siguiente.

16.       En agosto viajó de nuevo, y llegó a Boston luego de atravesar varias provincias. Mientras estuvo allí y en los lugares vecinos, tenía el cuerpo extremadamente debilitado. No obstante, las multitudes de oyentes eran tan grandes, y los efectos producidos en ellos tan sorprendentes, como nunca antes habían visto las personas más viejas del pueblo. El mismo poder le acompañó en su predicación en Nueva York, particularmente el domingo 2 de noviembre. Casi tan pronto como comenzó, se escuchaban quejidos, llantos y lamentos por todas partes. Muchos se arrojaron al piso, dolidos de corazón; y muchos fueron llenos de consolación divina. Hacia el fin de su viaje hizo esta reflexión: “Hace setenta y cinco días desde que arribé a Rhode Island, con el cuerpo muy débil. Sin embargo Dios me ha permitido predicar en público ciento setenta y cinco veces, además de exhortar frecuentemente en privado. Nunca Dios me concedió mayor consuelo. Jamás realicé mis viajes con menos fatiga, o vital continuidad de la presencia divina en las congregaciones a las cuales prediqué”.[23] En diciembre regresó a Savannah y en marzo siguiente arribó a Inglaterra.

17.       Ustedes pueden observar fácilmente que el relato precedente está extraído de su Diario el cual, por su sencillez y simplicidad sin afectación, puede competir con otros de su clase. ¡Cuán veraz muestra resulta de sus labores en Europa y en América para la honra de su amado Maestro durante los treinta años que siguieron! ¡Así como de la interrumpida lluvia de bendiciones con las que a Dios le plugo dar éxito a su ministerio! Hay que lamentar que algo le impidió continuar este relato hasta cerca del tiempo en que fue llamado por su Señor para gozar del fruto de sus labores. Si él ha dejado cualquier escrito de esta clase, y sus amigos me consideran digno de ese honor, sería mi gozo y orgullo sistematizarlo, transcribirlo y prepáralo para su publicación.

18.       Un relato particular de los últimos momentos de su vida es dado por un caballero de Boston:

Luego de estar alrededor de un mes con noso­tros en Boston y en pueblos vecinos, y predi­cando cada día, se dirigió a Vieja York[24] y predicó allí el viernes. El sábado a la mañana se fue a Boston, pero antes llegó a Newbury,[25] donde se lo había comprometido para predicar a la mañana siguiente (en verdad, había sido importunado a predicar). No siendo la casa lo bastante grande para contener a la gente, predi­có en un campo abierto. Pero habiendo estado enfermo por varias semanas, estaba tan exte­nuado que cuando vino a Newbury no podía salir del barco sino con la ayuda de dos hom­bres. No obstante, por la noche recobró su ánimo y apareció con su habitual alegría. Fue a su habitación a las nueve, su horario fijo, del cual ninguna compañía podría desviarlo, y durmió mejor de lo que lo había hecho por va­rías semanas. El 30 de septiembre se levantó a las cuatro de la mañana, fue a su lavatorio; y su compañero de cuarto observó en privado que era inusualmente alto. Dejó su lavatorio, retor­nó a su cuarto, se tiró sobre la cama, y descan­só unos diez minutos. Entonces se arrodilló, y oró con fervor a Dios que si fuera compatible con su voluntad él podría concluir ese día con la obra de su Maestro. Entonces solicitó a su compañero que llamara al Sr. Parsons,[26] el clé­rigo en cuya casa se hospedaba; pero en un mi­nuto, y antes de que el Sr. Parsons arribara, fa­lleció sin un suspiro o gemido. A la noticia de su muerte, seis caballeros partieron hacia Newbury a fin de traer sus restos acá, pero no pudo ser movido, así que sus preciosas cenizas deben permanecer en Newbury. Centenares de personas podrían haber ido desde esta ciudad para asistir a su funeral si no hubieran tenido la expectativa de que él habría sido enterrado aquí… ¡Que este golpe pueda ser santificado para la iglesia de Dios en general, y para esta provincia en particular![27]

II. 1.     En segundo lugar, veamos algunos aspectos de su carácter. Un breve esquema de esto fue pronto publicado en el Boston Gazzete, un resumen del cual se adjunta:

Poco puede decirse de él, que todo amigo de un cristianismo vital y que haya estado bajo su ministerio, no lo haya atestiguado. En su obra pública por muchos años sorprendió al mundo con su elocuencia y devoción. ¡Con qué apa­sionante devoción persuadió al pecador impeni­tente a abrazar la práctica de la piedad y la vir­tud! Lleno del espíritu de gracia, habló desde el corazón y con celo ardiente acaso inigualado desde los días de los apóstoles, engalanó las verdades que comunicaba con agraciado encan­to de retórica y oratoria. Desde el púlpito fue incomparable en el dominio de auditorios cada vez más multitudinarios. Ni fue menos agrada­ble e instructivo en sus conversaciones priva­das: afortunado en su destacada facilidad para dirigir la palabra, deseoso de comunicarse, es­merado en edificar. ¡Que la naciente generación atrape una chispa de aquella llama que resplan­deció con tal distinguido brillo en el espíritu y práctica de este fiel siervo de Dios altísimo![28]

2.             Una nota más particular e igualmente justa sobre él, ha aparecido en uno de los periódicos ingleses. Puede que no sea desagradable para ustedes agregar también la sustancia de éste:

El carácter de esta persona realmente piadosa debe quedar profundamente grabado en el co­razón de todo amigo de la religión vital. A pe­sar de una débil y delicada constitución física continuó hasta el último día predicando con una frecuencia y un fervor que parecían exce­der la fortaleza natural del más robusto. Ha­biendo sido llamado al ejercicio de esta función a una edad temprana, cuando los jóvenes ape­nas están comenzando a capacitarse para ello, no tuvo tiempo para realizar un progreso con­siderable en los lenguajes eruditos. Pero este defecto fue suplido por un genio dinámico y fértil, por un celo ferviente, y por una vigorosa y muy persuasiva predicación. Y aun cuando desde el púlpito fue necesario por el temor del Señor persuadir a las gentes,[29] no tenía nada sombrío en su temperamento, siendo una per­sona singularmente alegre, así como caritativa y de tierno corazón. A la vez estaba presto a ali­gerar sus necesidades corporales y espirituales. También debe observarse que constantemente insistía ante su audiencia en todo deber moral, y en especial en la laboriosidad en sus diferen­tes profesiones y obediencia a sus superiores. Por los esfuerzos extraordinarios de su predi­cación, en diferentes lugares, y aun a campo abierto, procuró elevar a la gente de clase más baja, del último grado de desatención e igno­rancia a la comprensión de la religión. Por ésta y sus otras obras, el nombre de Jorge White­field será largamente recordado con estima y veneración.[30]

3.             Se puede ver inmediatamente que, hasta donde llegan, ambos relatos son justos e imparciales. Pero apenas van más allá de lo externo de su carácter. Muestran al predicador, pero no al ser humano, al cristiano, al santo de Dios. ¿Me permitirían, bajo mi responsabilidad, agregar algo más a partir de un conocimiento personal de casi cuarenta años En verdad, soy consciente de cuán difícil es hablar de un tema tan delicado, y la prudencia que se requiere, para no decir ni poco ni mucho. Mejor dicho, sé que es completamente difícil expresar poco o mucho, sin incurrir para algunos en un tipo de censura sobre lo uno o lo otro. Algunos pensarán seriamente que se dice muy poco, y otros que es demasiado. Mas sin preocuparme por ello hablaré sólo de lo que sé, delante de aquél a quien todos debemos rendir cuenta.

4.             Ya se ha hecho mención de su celo incomparable, su actividad infatigable, su ternura de corazón para con los afligidos, y de su caridad hacia el pobre. Pero, de la misma manera ¿no deberíamos mencionar su profunda gratitud a todos quienes Dios ha usado como instrumento para su bien ¿Aquellos de quienes no cesó de hablar de la manera más respetuosa, hasta el día de su muerte ¿No deberíamos mencionar que tenía un corazón susceptible de la amistad más generosa y tierna Con frecuencia he pensado que ésta, entre todas las demás, fue la parte distintiva de su carácter. ¡Cuán pocos hemos conocido de un temperamento tan amable, de un afecto tan grande y fluido! ¿No fue fundamentalmente por esto que los corazones de otros fueron extrañamente atraídos y aunados a él ¿Puede alguna otra cosa que no sea el amor engendrar amor Esto resplandecía en su propio semblante, y continuamente exhalaba en todas sus palabras, fuera en público o en privado. ¿Acaso no fue esto lo que, rápido y penetrante como un relámpago, fluía de corazón a corazón ¿Qué fue lo que les dio vida a sus sermones Ustedes son testigos.

5.             Pero dejando fuera las viles tergiversaciones de gente de mentes corruptas, que no saben de otro amor que no sea el terrenal y sensual,[31] al mismo tiempo debemos recordar que fue dotado de la más agradable e intachable modestia. Su oficio le llevaba a conversar muy frecuente y extensamente con mujeres así como con hombres; y de toda edad y condición. Mas toda su conducta hacia ellos fue un comentario práctico de aquel consejo de San Pablo a Timoteo,Exhorta… a las ancianas como a madres; a las jovencitas, como hermanas, con toda pureza.[32]

6.             Entretanto, ¡cuán propia de la cordialidad de su espíritu fue la franqueza y sinceridad de su conversación! Aunque estaba tan lejos de la rudeza por una parte, como de la astucia y la simulación por otra. ¿No fue esta instantánea franqueza un fruto y una prueba de su coraje e intrepidez Armado con ellos, no temió frente al rostro de los demás, sino que usó de mucha franqueza[33] con personas de cualquier clase y condición, alta y baja, rica y pobre; procurando sólo la manifestación de la verdad, encomendándose a sí mismo a toda conciencia humana delante de Dios.[34]

7.             No tuvo temor de dolores y trabajos, ni tampoco de lo que pudiera hacerle el hombre,[35] siendo igualmente “Paciente en sobrellevar el mal, y haciendo el bien.”[36] Y esto se mostró en la constancia con que prosiguió todo lo que emprendió por causa de su Maestro. Consideren un ejemplo entre todos, el orfanatorio de Georgia, que comenzó y concluyó a pesar de toda oposición. En verdad, en todo aquello que tuviera que ver con él mismo, fue dúctil y flexible, dispuesto a ser conciliador,37 fácil para ser ya convencido ya persuadido. Pero fue inconmovible en las cosas de Dios, o donde estuviera vinculada su conciencia. Nadie podría persuadirlo, y mucho menos asustarlo, para cambiar el mínimo punto de aquella integridad que fue inseparable de todo su carácter, y que regulaba todas sus palabras y acciones. En esto “Persistió fuerte como pilar de hierro y sólido como muralla de bronce”.[37]

8.         Si se preguntara cuál era la base de su integridad, o de su sinceridad, coraje, paciencia, y toda otra cualidad amable y valiosa, es fácil dar la respuesta. No fue la excelencia de su temperamento natural; ni el vigor de su inteligencia. No fue la solidez de la educación; no, ni el consejo de sus amigos. No fue otra cosa que la fe en Cristo sufriente: fe en el poder de Dios.[38] Fue una esperanza viva de una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible.[39] Fue el amor de Dios… derramado en su corazón por el Espíritu Santo que le fue dado,[40] lo que llenó su alma con un amor tierno y desinteresado[41] hacia toda criatura humana. De esta fuente surgió aquel torrente de elocuencia que, con frecuencia, removió todo lo que estuviera enfrente; de aquí aquella sorprendente fuerza de persuasión, que los pecadores más empedernidos no podían resistir. Esto fue lo que frecuentemente hizo su cabeza como aguas y sus ojos fuentes de lágrimas.[42] Esto fue lo que le permitió derramar su corazón en oración de una manera que le era peculiar, con tal unidad de plenitud y fluidez, con tal fuerza y variedad tanto de sentimiento como de expresión.

9.             Puedo concluir esta parte destacando ¡qué honor agradó a Dios conceder a su fiel siervo permitiéndole proclamar su evangelio eterno en tal variedad de países, a tal número de personas y con tan grande efecto en tantas de sus preciosas almas! ¿Hemos leído u oído de alguna otra persona que, desde los tiempos apostólicos, testificara del evangelio de la gracia de Dios a través de un espacio tan amplio y extendido, por una parte tan grande del mundo habitado ¿Hemos leído o escuchado de alguna persona que llamara a tantos miles, a tal miríada de pecadores, a arrepentimiento ¿Sobre todo, hemos leído u oído de otro que haya sido un bendecido instrumento de su mano para llevar tantos pecadoresde las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios[43] Es verdad que si fuéramos a hablar así al alborozado mundo seríamos juzgados como extraños.[44] Pero ustedes entienden el lenguaje del país al que van, donde nuestro amigo se fue un poco antes que nosotros.

III.           Mas ¿cómo superaremos esta terrible situación Este es el tercer asunto que tenemos que considerar. La respuesta a esta importante cuestión es sencilla (¡quiera Dios escribirla en todos nuestros corazones!) observando de cerca las grandes doctrinas que expuso y tomando de su espíritu.

1.             Primero, entonces, observemos las grandes doctrinas bíblicas que predicó por todas partes. Hay muchas doctrinas de una naturaleza menos esencial, sobre las cuales aun los sinceros hijos de Dios (¡tal es la presente debilidad del entendimiento humano!) están y han estado divididos por muchísimo tiempo. Con respecto a ellas, podemos pensar y dejar pensar; podemos consentir en disentir. Pero, entretanto, mantengamos firmes los fundamentos de la fe que ha sido una vez dada a los santos,[45] en la cual este paladín de Dios insistió tan fuertemente en todo tiempo y en todo lugar.

2.             Este punto fundamental fue: dar a Dios toda la gloria de todo aquello que es bueno en el ser humano. Y en la empresa de la salvación, poner a Cristo tan alto y al ser humano tan bajo como fuera posible. Con este punto él y sus amigos de Oxford, los metodistas originales (así llamados), se pusieron en camino. Su gran principio fue: no hay poder ni mérito por naturaleza en el ser humano. Insistieron que todo poder para pensar, hablar, o actuar correctamente es en y desde el Espíritu de Cristo; y todo mérito está, no en el ser humano, no importa cuán superior sea en gracia, sino meramente en la sangre de Cristo. Así que él y ellos enseñaron: no hay poder en el ser humano, hasta que le sea dado desde lo alto, hacer una buena obra, decir una buena palabra, o concebir un buen deseo. Porque no es suficiente decir que todos los seres humanos están enfermos de pecado. No, todos estamos muertos en nuestros delitos y pecados.[46]De ello se deriva que todos los hijos de los hombres son por naturaleza hijos de la ira.[47] Todos estamos bajo el juicio de Dios,[48] condenados a muerte, tanto temporal como eterna.

3.             Así que todos estamos indefensos, tanto respecto al poder como a la culpa del pecado. Porque, ¿quién hará limpio a lo inmundo[49] Nada menos que el Todopoderoso. ¿Quién puede levantar a los que están muertos, espiritualmente muertos en pecado Nadie, sino aquél que nos levantó del polvo de la tierra. Mas ¿sobre qué consideración hará esto No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho.[50] No alabarán los muertos al Señor.[51] Ni hacen nada por motivo de lo cual deberían ser levantados a la vida. Por tanto, cualquiera cosa que hace Dios, la hace sólo por causa de su Hijo amado: él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados.[52] Llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero.[53] El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.[54] Esta es, entonces, la única causa meritoria de toda bendición que hacemos o podemos gozar; en particular de nuestro perdón y aceptación de Dios, de nuestra plena y libre justificación.[55] Mas, ¿por qué medios llegamos a interesarnos en lo que Cristo ha hecho y sufrido No por obras, para que nadie se gloríe,[56] sino sólo por la fe.Concluimos, dice el apóstol, que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley.[57] Así que, a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.[58]

4.             Por tanto, el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.[59] Mas todos los que así son nacidos del Espíritu[60] tienen el Reino de Dios entre ellos.[61] Cristo establece su reino en sus corazones: justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo;[62] aquel sentir que hubo también en Cristo Jesús,[63] habilitándolos a andar como él anduvo.[64] El Espíritu que en ellos mora los hace santos en el corazón y santos en toda su manera de vivir.[65] Pero aun considerando que todo esto es una libre dádiva por medio de la justificación y la sangre de Cristo, existe la misma razón para recordar perpetuamente que, El que se gloría, gloríese en el Señor.[66]

5.             Ustedes no ignoran que éstas eran las doctrinas fundamentales sobre las que insistió en todas partes. Y, ¿acaso no podrían resumirse en dos términos: el nuevo nacimiento y la justificación por la fe Perseveremos en ellos con todo vigor, en todo tiempo y en todo lugar; en público (aquellos de nosotros que estamos llamados a ello) y en privado, en todas las oportunidades. Observen estrechamente estas doctrinas buenas, viejas, fuera de moda, ante cualquier persona que las contradiga y blasfeme. Firmes, mis hermanos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza;[67] con todo cuidado y diligencia salvaguarden lo que se les ha encomendado;[68] sabiendo que el cielo y la tierra pasarán; pero esta verdad no pasará.[69]

6.             ¿Pero será suficiente apegarse a estas doctrinas, con la pureza que puedan tener ¿Acaso no hay un asunto de mayor importancia que éste, es decir, beber de su espíritu Ser en esto imitador de él, así como él lo fue de Cristo.[70] Sin esto la pureza de nuestras doctrinas sólo aumentará nuestra condenación. Por tanto, ésta es la cuestión principal, ser seguidores de su espíritu. Mas permitiéndonos que en algunos puntos debamos conformarnos a admirar lo que no podemos imitar; no obstante en muchos otros podremos, por medio de la misma libre gracia, ser partícipes de igual bendición. Conscien­te entonces de tus propias carencias, y de su abundante amor que da a todos abundantemente y sin reproche,[71] clama a aquél que realizó todo en todos por una medida de la misma preciosa fe; del mismo celo y actividad, la misma ternura de corazón, caridad y entrañable misericordia.[72] Pugna con Dios para lograr algún grado semejante de gratitud, amistad, amabilidad de temperamento; de la misma apertura, sencillez y piadosa sinceridad, de amor sin fingimiento.[73] Sigue luchando, hasta que el poder de lo alto opere en ti la misma firmeza de coraje y paciencia; y sobre todo, dado que es la corona de todo, la misma invariable integridad.

7.             ¿Hay algún otro fruto de la gracia de Dios del cual él fue dotado de manera eminente, y cuya carencia entre los hijos de Dios se lamentara frecuente y apasionadamente Existe uno, esto es, un amor católico: aquel afecto sincero y tierno que es debido para con todos aquellos de quienes hay razones para creer que son hijos de Dios por la fe; en otras palabras, todos aquellos de cualquier credo que temen a Dios y hacen obras de justicia.[74] Anhelaba ver en todo aquel que hubiera gustado de la buena palabra[75] un verdadero espíritu católico -término poco comprendido y menos experimentado aun por muchos que lo tienen con frecuencia en sus labios. ¿Quién es el que responde a este carácter ¿Quién es una persona de un espíritu católico[76] Quien ama como amigo, como hermano en el Señor, como partícipe solidario del presente reino de los cielos y coheredero de su reino eterno, a toda persona, de cualquier opinión, modo de adoración, o congregación, que cree en el Señor Jesús; que ama a Dios y a los seres humanos; que, gozándose en agradar a Dios y temiendo ofenderle, es cuidadosa en abstenerse del mal, y celosa de buenas obras.[77] Así es una persona de un verdadero espíritu católico, que lleva esto continuamente en su corazón; la que teniendo una indecible ternura por sus personas, y un vivo deseo por su bienestar, no cesa de encomendarlas a Dios en oración, así como de defender sus causas delante de los seres humanos; que les habla con comodidad, y que en todo su decir trabaja para fortalecer sus manos en Dios. Las ayuda hasta lo último de sus fuerzas en todas las cosas, espirituales y temporales. Que está pronta a gastar y gastarse[78] por ellas; en efecto que ponga su vida por sus amigos.[79]

8.         ¡Qué afable es un carácter así! ¡Cuán deseable para toda criatura de Dios! ¿Pero por qué es tan difícil hallarlo ¿Por qué es que hay tan pocas oportunidades de ello En verdad, suponiendo que hemos gustado del amor de Dios, ¿cómo puede cualquiera de nosotros descansar hasta que ello sea nuestro propio carácter Porque existe un delicado ingenio por el cual Satanás persuade a millares que es posible no tener este espíritu, y no obstante estar libre de culpa. Esperemos que muchos aquí presentes no estén en este lazo del diablo..cautivos a voluntad de él.[80] “Oh, sí”, dice alguien, “tengo este amor por los que creo ser hijos de Dios. ¡Pero nunca creeré que es un hijo de Dios quien pertenece a aquella detestable congregación! ¿Piensan ustedes que ése puede ser hijo de Dios sosteniendo tan detestables opiniones ¿O aquél que se une en un culto tan sin sentido y supersticioso, acaso idolátrico” ¡Así que nos autojustificamos por un pecado añadiéndole otro! ¡Justificamos nuestra carencia de amor echándole la culpa al otro! Para colorear nuestro endemoniado temperamento declaramos a nuestros hermanos hijos del diablo. ¡Seamos conscientes de esto! Y si ustedes ya están cautivos en el lazo, escápense de él lo más pronto posible. Vayan y aprendan que el verdadero amor católico, que no esprecipitado ni impaciente en juzgar; aquel amor que no guarda rencor, que todo lo cree, todo lo espera;[81] que tiene toda la tolerancia que quisiéramos que otros tuvieran con nosotros. Entonces tendremos conocimiento de la gracia de Dios que está en todo ser humano, cualquiera sea su opinión o modo de adoración. Entonces todos los que temen a Dios serán amados y próximos a nosotros por el entrañable amor de Jesucristo.[82]

9.         ¿No fue éste, acaso, el espíritu de nuestro amigo ¿Por qué no podría ser el nuestro Oh Dios de amor, ¿hasta cuándo tu pueblo será el escarnio entre las naciones[83] ¿Hasta cuándo se reirán burlándose de nosotros y dirán: Vean cómo se aman estos cristianos unos a otros[84] ¿Cuándo quitarás el oprobio de nosotros[85] ¿Nos consumirá la espada perpetua­mente ¿Hasta cuándo no dirás al pueblo que se vuelva de perseguir a sus hermanos ¡Ahora, al menos, permite que todo el pueblo se detenga y no persiga más a sus hermanos![86] ¡Pero cualquier cosa que otros hagan, todos nosotros, mis hermanos, escuchemos la voz de aquél que estando muerto aún habla![87] Imagínenle diciéndoles: “Ahora al menos sed seguidores de mi, así como yo de Cristo.[88] ¡Hermanos, no alcemos espada contra hermanos, ni se adiestren más para la guerra![89] Antes bien, vestíos… como escogidos de Dios.., de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia, soportándoos unos a otros en amor.[90] Que el tiempo pasado sea suficiente para el desacuer­do, la envidia y la contienda, para morderse y comerse unos a otros.[91] Bendito sea Dios que no se hayan consumidos unos a otros.[92] De hoy en más sean solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.[93]

10.       ¡Oh Dios, contigo no hay obra[94] imposible: tú haces cuanto es de tu agrado! ¡Oh Dios que haces que el manto de tu profeta a quien te has llevado ahora caiga y permanezca sobre nosotros! ¿Dónde está el Señor, el Dios de Leías[95]¡Permite que su espíritu repose sobre éstos tus siervos! ¡Muestra que eres el Dios que responde con fuego! ¡Deja que el fuego de tu corazón se derrame en cada corazón! Y porque te amamos, amémonos unos a otros con un amor más fuerte que la muerte[96] ¡Quítanos todo enojo, ira y amargura; toda queja y maledicencia![97] ¡Haz que tu Espíritu repose sobre nosotros y que desde esta hora seamos benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándonos unos a otros, como Dios también nos perdonó a nosotros en Cristo![98]

Himno

¡Bien hecho, siervo de Dios!

Tu glorioso combate terminó

Peleada la lid, ganada la carrera.

Estás coronado al fin.

De los deseos de tu corazón,

Fuiste triunfal vencedor.

Alojado por el coro pastoral

En el corazón de tu Redentor.

II

Su benevolente misericordia

Tu incesante plegaria oyó

Y repentinamente te llevó

A tu recompensa plena.

Cuando el amor libró tu alma

y te cautivó para servir a Dios

Tus pies fueron calzados

Prestos para llevar la paz.

III

Con los santos de lo alto

A tu Salvador pregonas

¡Y clamas salvación a Dios,

Salvación al Cordero!

¡Oh bendita y feliz alma!

En éxtasis de alabanza

Dilatada como las edades

Contemplas la faz del Señor.

IV

Libre del mundo y del dolor,

Oh, cuándo seremos elevados

Para todos reinar con Jesús

Junto al amigo que ha partido!

¡Ven, Señor, ven pronto!

Y siendo consumados en ti;

Recibe a tus anhelantes siervos

en tu lar para triunfar a tus pies![99]

 

 

 


 

[1] Cf. Job 3.17.

 

[2] Cf. 1 Co. 4.15.

 

[3] He. 13.7-8

 

[4] El 16 de diciembre.

 

[5] Jn.3.7.

 

[6] 1 Co. 2.2.

 

[7] Ro. 8.15.

 

[8] Cf Mt. 3.17; 17.5; 2 P. 1.17.

 

[9] 20de junio.

 

[10] Thomas Broughton (1712-77) sacerdote de la Torre de Londres, quien había estado activo en el Club Santo.

 

[11] Cf. Judas 20.

 

[12] Supliendo la ausencia de Charles Kinchin (1711-42), otro metodista de Oxford.

 

[13] Cf. Le. 10.37.

 

[14] El título de “General” es una referencia retrospectiva. James Edward Oglethorpe (1696-1785) fue uno de los principales promotores y defensores de la colonia de Georgia. Su promoción a brigadier general no llegó sino en 1743.

 

[15] 15 Cf George Whitefield’s Journals, ed. Iain Murray (Londres, Banner of Truth Trust, 1960), p. 149.

 

[16] Cf 2 Ti. 4.5.

 

[17] Por causa de la tensa situación en las Indias Occidentales que condujo a una guerra abierta (19 de octubre de 1739) entre Inglaterra y las potencias borbónicas.

 

[18] En la isla de San Simón, donde Carlos Wesley había servido brevemente como ministro.

 

[19] Un asentamiento de montañeses procedentes de Escocia, sobre la boca del río Altamaha, a 120 kilómetros al sudoeste de Savannah.

 

[20] Véase Jn. 5.2.

 

[21] Cf Fil. 4.6.

 

[22] Sal. 147.9.

 

[23] Cf. G. Whitefield, Journals, pág. 499.

 

[24] Ahora conocida como York Village, en el estado de Maine.

 

[25] Newburyport en Massachusetts.

 

[26] Jonathan Parsons (1705-75), ministro de una Iglesia en Newburyport.

 

[27] Probablemente Wesley cita una carta que le había llegado desde Boston.

 

[28] Resumido de un editorial de The Massachusetts Gazette, and Boston Post Boy and The Advertizer, N° 684 (Lunes, 1 de octubre de 1770) pág. 3. La noticia misma había sido dada en el mismo periódico el día anterior.

 

[29] Cf. 2 Co. 5.11.

 

[30] Resumen del periódico The London Evening Post, del 10 de noviembre de 1770 (N° 1607) pág. 4.

 

[31] Cf. Stg. 3.15.

 

[32] 1 Ti. 5.1-2.

 

[33] 2Co. 3.12.

 

[34] 2 Co. 4.2.

 

[35] He. 13.6.

 

[36] Cita de un poema de Samuel Wesley.

 

[37] Cf. Stg. 3.17.

 

[38] Juan y Carlos Wesley, Hymns and Sacred Poems (1739), p. 203.

 

[39] Co1. 2.12.

 

[40] 1 P. 1.3-4.

 

[41] Ro. 5.5.

 

[42] Jer. 9.1.

 

[43] Hch. 26.18.

 

[44] 1 Co. 14.11.

 

[45] Jud. 3.

 

[46] Ef 2.1.

 

[47] Ef. 2.3.

 

[48] Ro. 3.19.

 

[49] Job 14.4.

 

[50] Tit. 3.5.

 

[51] Cf Sal. 115.17; 88.10.

 

[52] Is. 53.5.

 

[53] 1 P. 2.24.

 

[54] Ro. 4.25.

 

[55] Este conflicto entre las causas “meritoria” y “formal” de la justificación fue uno de los temas controversiales entre Wesley y los calvinistas, incluyendo a Whitefield.

 

[56] Ef 2.9.

 

[57] Ro. 3.28

 

[58] Jn. 1.12-13.

 

[59] Jn.3.3.

 

[60] Jn3.5.

 

[61] Lc 17.21.

 

[62] Ro. 14.17.

 

[63] Fil 2.5.

 

[64] 1 Jn. 2.6.

 

[65] 1 P. 1.15.

 

[66] 1 Co. l.31; 2Co. 10.17.

 

[67] Ef 6.10.

 

[68] Cf 1 Ti. 6.20.

 

[69] Mt. 24.35, etc.

 

[70] Cf 1 Co. 11.1.

 

[71] Stg. 1.5.

 

[72] Cf. Col. 3.12.

 

[73] Ro. 12.9.

 

[74] Cf Sal. l5.2; Ec. 12.13.

 

[75] He. 6.5.

 

[76] Véase el sermón N°39.

 

[77] Tit. 2.14.

 

[78] Cf.2Co. 12.15.

 

[79] Cf. Jn. 15.13; 1 Jn. 3.16.

 

[80] Ti. 2.26.

 

[81] Cf. 1 Co. 13.4, 5, 7.

 

[82] Fil. 1.8.

 

[83] Sal. 44.14.

 

[84] Tertuliano Apología, 39.7.

 

[85] Véase Jos. 5.9.

 

[86] Cf 2 Sa. 2.26,28.

 

[87] He. 11.4.

 

[88] 1 Co. 11.1.

 

[89] Is. 2.4; Mi. 4.3.

 

[90] Col. 3.12-13.

 

[91] Gá. 5.15.

 

[92] Ibid.

 

[93] Ef 4.3.

 

[94] Todas las ediciones impresas dicen “word” (palabra). Pero se trata de un error. El texto debería decir “work” (obra).

 

[95] 2 R. 2.14.

 

[96] Cnt.8.6.

 

[97] Ef 4.31.

 

[98] Ef 4.32.

 

[99] De Carlos Wesley, en The Poetical Works, (VI, 3 16-7). Probablemente este himno fue pronunciado durante el sermón.

 

fuente:

http://wesley.nnu.edu/espanol/sermones-de-wesley-tomo-iii-juan-wesley/sermon-53-a-la-muerte-de-jorge-whitefield/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s