La fidelidad de Carlos Simeon

 

Por William P. Farley

Este es el primero en una serie de cuatro artículos sobre grandes predicadores que vivían desde el comienzo de la Revolución Americana hasta el final del Gran Despertamiento, aproximadamente 1835.   Exploraremos las vidas de Carlos Simeon, Asahel Nettleton, Eduardo Payson, y Carlos Finney.   El pastor del siglo 21 tiene una herencia rica en estos hombres de Dios.   Su falta de egoísmo y servicio fiel a Dios y a sus congregaciones nos inspira todavía hoy.

Nuestro primero estudio es sobre la vida de Carlos Simeon.   Su pasión por Cristo, su vida devocional, y las horas largas que pasaba a solas con Dios en estudio lo convirtieron en un predicador poderoso y un siervo dedicado a Dios.

LA JUVENTUD DE SIMEON

En 1782, la iglesia Anglicana ordenó a Carolo Simeon cuando tuvo 23 años.   Como Whitefield antes que él, y después Spurgeon, sus poderes en el púlpito eran inmediatamente evidentes.

Unos meses después de la ordenación de Simeon, un amigo, Atkinson, que era pastor pidió que él le ayudara en el púlpito mientras estaba en unas vacaciones largas.   En Inglaterra, el último cuarto del siglo 18 era un tiempo espiritualmente oscuro.   La mayoría de las grandes catedrales y capillas estaban vacías.   Esto era la realidad también en la iglesia de Atkinson.   El primer esfuerzo de Simeon de ministrar cambió esto.   Henry Venn notó, “En menos de diecisiete domingos, predicando por el Sr. Atkinson en una iglesia de Cambridge, él [Simeon] la llenó de personas —algo no conocido por casi un siglo. …Tan grande era la multitud que venía a escuchar el “sustituto” que llenó las bancas y pasillos aun hasta la oficina del clérigo.   El pastor Atkinson, regresando de sus vacaciones, encontró a su clérigo molesto, pero contento con la idea de un alivio; “Oh, señor, estoy tan contento que usted llegó; ahora podemos tener un poco de espacio.”1

¿Quién era este hombre joven que podía llenar las iglesias vacías a los 23 años?   ¿Por qué es importante para los pastores del siglo 21?

SU CONVERSIÓN

Juan Wesley acaba de cumplir 56 años, y Jonatan Edwards había muerto recientemente cuando, en 1759, Simeon nación a una familia inglesa de clase alta.   La vida de Simeon abarcó la Revolución Americana, la Revolución Francesa, y el nacimiento de la Revolución Industrial.   Él era de la misma generación que Juan Adams y Tomás Jefferson.

Simeon creció en un hogar de no creyentes.   Cuando tenía 18 años, su padre lo mandó a Cambridge.   Él se convirtió durante sus primeros cuatro meses allí.

Poco después de su llegada, el director de la universidad informó a Simeon que tenía que asistir la comunión en unas semanas.   Inmediatamente, el Espíritu Santo trajo una convicción tremenda del pecado a este Simeon joven.   Él sentía una gran falta de mérito y culpa.   A pesar de la ausencia de principios cristianos en su hogar, él temía la idea de tomar la Cena del Señor de una manera indigna.  

Buscando paz con Dios él empezó a leer la Biblia y otros libros espirituales.   Esta agonía de conciencia continuó por varias semanas; no podía encontrar un alivio.   Finalmente, al leer un libro por el Obispo Wilson sobre la Cena de Señor, él entendió la realidad de la expiación de Cristo.   Él entendió que sus pecados fueron puestos sobre Él que había muerto en su lugar.   “Desde esta hora,” él escribió, “la paz fluyó en una abundancia rica en mi alma; y en la mesa del Señor en nuestra capilla yo tenía al acceso más dulce a Dios por medio de mi Salvador bendito.”2

Como Lutero y Spurgeon, las experiencias agonizas de su conversión le impresionaron con el poder de la cruz, y nunca podía olvidarlas.   Por esta razón la expiación era el tema constante de sus enseñanzas.   Uno de sus biógrafos lo describió así: “Para él, Cristo era el centro de todos los asuntos del hombre pecaminoso; y todos los que le escuchaban, para él, eran pecadores, por los cuales el Evangelio era el único remedio.   Cristo era el Evangelio; y la fe personal en Él, una persona viva, era el secreto del Evangelio.”3

Su lucha personal le impresionó con la importancia del conocimiento del pecado en el proceso de la conversión.   Es por esta razón que sus predicaciones dirigían a estos tres afectos: “Humillar el pecador, exaltar el Salvador, y promover la santidad.”4   Pocos pastores contemporáneos pondrían la convicción de pecadores como su primer propósito en la predicación.   El consolar a los pecadores es nuestro propósito general.   ¿Podríamos usar la opinión del pecado de Simeon hoy?

MINISTERIO RECHAZADO

Unos meses después del éxito de sus predicaciones mencionadas, él fue nombrado pastor de Trinity Church en Cambridge.   Probablemente fue seleccionado debido a la influencia de su padre, su piedad obvia y sus dones de predicar.   El nombramiento de Simeon a los 23 años no era normal.   Trabajos como este normalmente eran reservados para hombres más grandes con más experiencia.   Y esto es como pensaron también los miembros de esta iglesia antigua y influyente.   Ellos querían un hombre más grande.   Era tanto su decepción con el nombramiento de Simeon que decidieron boicotear los servicios.

En estos días, los miembros de la iglesia compraban sus bancas.   Los enemigos de Simeon usaron este poder contra él.   Boicoteaban el ministerio de Simeon y aseguraban que otros también hacían lo mismo al encerrar y cerrar con llave sus bancas.  

Pero infravaloraron la persistencia de Simeon.   Él era un hombre de gran paciencia, fortaleza, y obstinación.   A pesar de la resistencia de estos hombres y muchos otros, él soportaba esta persecución por 12 años.   Durante este tiempo los oyentes se sentaban en los pasillos y espacios vacíos.   La influencia de sus predicaciones poderosas finalmente ganó a sus enemigos.   Poco a poco regresaron a sus bancas.   Durante estas dificultades Simeon mantenían una actitud de humildad y paciencia, finalmente ganando a sus enemigos con amor.

En un punto difícil de su vida, Simeon buscó la ayuda de Dios para una palabra de ánimo.   Abrió su Biblia al azar a Marcos 15:21: “Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene …que venía del campo, a que le llevase la cruz.”   Simeon significa Simón.   El mensaje era claro.   Él tenía que llevar su cruz.   Lo hizo con gratitud.

TEMPORADAS DE ÉXITO

Poco a poco, oportunidades de predicar en iglesias más grandes empezaron a presentarse.   El Reverendo W. Carus Wilson describe la primera oportunidad que Simeon tenía para predicar en la gran iglesia de Santa María en Cambridge.   “En el principio había una disposición de perturbar y molestar el predicador de una manera, desafortunadamente, muy común en estos tiempos.   Pero apenas había avanzado más de unas frases, cuando el arreglo lúcido de su exordio, y su manera seria y dominante, impresionaron la asamblea entera con sentimientos de solemnidad profunda, y lo escucharon hasta el final con la atención más respetuosa y fascinada.   La inmensa congregación partió de aquel lugar con una disposición muy distinta a la que tenían cuando congregaron.”5   Esto era el afecto normal del ministerio de Simeon.

Simeon se quedó en Trinity Church por 54 años, hasta la edad de 77.   Él ministró sin rencor ni venganza y fue decidido en ser un testigo continuo para Cristo a pesar de la resistencia.   Él era fiel en el lugar donde Cristo lo plantó.

Después de un tiempo llegó a ser popular y famoso.   Empezó a recibir invitaciones para hablar en Inglaterra y Escocia.   Durante estos años muchos se convirtieron debido a su ministerio.   Por ejemplo, cuando había un informe que él iba a hablar en un lugar específico, grandes multitudes llegaban.   Brown, en Recollections [Recuerdos], notó, “En noviembre de 1811, la vista de la iglesia rebosando era casi electrizante.   En 1814, casi no había lugar para mover, ni arriba ni abajo.   En 1815, las multitudes eran inmensas; la atención era sincera y profunda.   En 1823 muchos no podían ni entrar en las puertas.”6

En su apartamento también él dirigía reuniones semanales para estudiantes universitarios.   Estas reuniones influenciaron a muchos hombres jóvenes que luego se dedicaron al ministerio.   El efecto positivo sobre la iglesia Anglicana del siglo 19 era grande.

Cuando él murió a los 77 años, Simeon había ganado sus enemigos con amor.   Él había ganado el respeto y amor del pueblo, profesores, y estudiantes.   Fue estimado por Inglaterra como uno de los líderes cristianos más destacados.   Su biógrafo notó, “Probablemente nunca hubo un funeral en Cambridge como el de Simeon; porque no solamente hubo una asistencia enorme y un respeto profundo, pero también hubo corazones innumerables que sentían que habían perdido a un padre, y todos recordaron el contraste de los días anteriores.”7

SUS LOGROS

“Sería difícil exagerar su influencia personal sobre el desarrollo de la homilética anglicana,”8 notó Arthur Pollard.   La mayoría de su desarrollo homilético vino a través de su influencia sobre los hombres jóvenes que estudiaron en Cambridge, asistieron sus reuniones semanales, y salieron para predicar en los púlpitos alrededor de Inglaterra y el mundo.  

Habiendo vencido sus enemigos con paciencia humilde, él vivía una vida suficientemente larga y llegó a tener un prestigio suficientemente grande como para presentar la obra de su vida —los bosquejos de sus sermones en 21 volúmenes, Horae Homiletica— al Rey Guillermo IV en 1833.

Si tuviéramos el espacio, podríamos examinar las otras persecuciones en su vida y cómo él las superó con amor, su papel originario en el movimiento misionero creciente en Inglaterra, su gran poder en el púlpito, su devoción a la Biblia, su compromiso constante al celibato por el bien del evangelio, y su influencia sobre hombres como Juan Stott del siglo 20.

Déjenme tomar un minuto para sacar algunas lecciones de la vida de Carlos Simeon.

LECCIONES PARA EL PASTOR DE HOY

Primero, él reconocía que un hombre solamente predica bien un sermón que primero ha predicado a su propia alma.   Un pastor no tiene nada que predicar hasta que Dios le hable, y esto requiere horas largas a solas con Dios.   Simeon escribió, “Pero el estado completo de tu alma ante Dios tiene que ser el primer punto para considerar; porque si tu no tienes pensamientos verdaderamente espirituales, y no vives sinceramente según estas verdades de las cuales predicas o compartes con otros, entonces llegarás a tener muy poco propósito.”9

En el caso de Simeon, su poder de predicar era un resultado de su piedad.   En una era sin luces eléctricas ni calefacción central, Simeon se levantaba a las 4 cada mañana y oraba y estudiaba las primeras 4 horas de cada día, frecuentemente por la luz de velas.   Sería difícil para él entender la tentación moderna de poner las responsabilidades administrativas antes del tiempo a solas con Dios.  

Segundo, él luchaba durante toda su vida para aumentar su humildad.   En su lecho de muerte, él dijo, “Esto sí sé, que yo soy el peor de los pecadores, y el monumento más grande de la misericordia de Dios; y yo sé que no puedo estar equivocado en esto .”10

Cuando le preguntaban acerca de los requisitos más importantes para tener eficacia pastoral, él respondía sin indecisión, “Solamente se necesita tres cosas – humildad, humildad, y humildad.”11

Él luchaba día y noche para saber mejor su pecado, no para condenarse a sí mismo, sino para acercarse más a Cristo.   “Simeon llegó a conocerse y conocer su pecado profundamente,” notó Juan Piper.   “Él describió su proceso de madurar en el ministerio como un crecimiento para abajo.”12

Tan obsesionados que somos con el auto-estima, las mentes modernas lucharían con la espiritualidad de Simeon.   Pero su enfoque en el pecado y humildad es exactamente lo que la iglesia necesita hoy.   El poder en el púlpito es un resultado directo del tipo de auto–humillación interna y profunda que marcó la vida de Simeon.   Él escribió cosas como, “Nunca he pensado que las circunstancias del perdón de Dios eran una razón para perdonarme a mí mismo: al contrario, yo siempre he razonado que es mejor detestarme aun más, en proporción de lo que yo sabía que Dios era pacificado hacia mí. …Hay solamente dos objetivos que yo he deseado comprender durante estos 40 años; uno es mi propia bajeza; y el otro es la gloria de Dios en la cara de Jesucristo: y yo siempre he enseñado que deben ser observados juntos .”13

Tercero, podemos aprender mucho de su perseverancia inspirada por su fe.   Sus 54 años en una sola iglesia fue estimulado por su amor por Dios y el hombre.   No es malo que un hombre vaya a otra iglesia si las razones sean correctas.   Simeon sentía que fue llamado a Trinity Church.   Él negó la idea de irse, aun cuando las bancas estaban cerradas con llave y la oposición era formidable, y luego también cuando las ofertas atractivas empezaban a presentarse.  

Simeon no estaría de acuerdo con la mentalidad moderna que dice que el ministerio es una profesión donde uno debe avanzar con cambios a iglesias más grandes.   Más bien, él vio el ministerio como un llamado a servir una congregación al sacrificar su vida y ego.  

Su amor profundo y ardiente por Cristo, su vida devocional disciplinada y constante, y sus horas largas a solas cara–a–cara con Dios en su estudio eran las fuentes de su poder en el púlpito.   Desde esta fundación, Dios le apoderó para alimentar a su rebaño con la Pan de Vida.   Nuestra gente necesita la misma alimentación hoy.   Que la vida de Carlos Simeon nos inspire a prepararlos un banquete espiritual.

La historia es su historia.

 

Fuente:

http://ag.org/enrichmentjournal_sp/200502/200502_112_simeon.cfm

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s