Cristo crucificado

la cruz

Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.

Gálatas 6:14

La mayor gloria de Cristo es Su cruz. Fue en ella donde El glorifico al Padre y el Padre lo glorifico a Él. En aquel maravilloso capítulo 5 de apocalipsis es el cordero inmolado que está en el trono, quien recibe la alabanza de los que han sido rescatados, de los ángeles y de toda la creación.

Sus siervos han aprendido a decir: “pero lejos este de mi gloriarme, sino de la cruz de nuestro señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí y yo al mundo” (Gálatas 6:14). ¿No sería lo más razonable, entonces, que la mayor gloria sea también la nuestra?

Cuando el señor Jesús les dijo a sus discípulos: yo estoy con vosotros todos los días, era el crucificado, el que les había mostrado sus manos y sus pies; quien les hacia esta promesa. Y para cada persona que busca asir su promesa, es de suma importancia reconocer que el Jesús crucificado es quien ofrece estar con nosotros cada día.

¿Será que una de las razones por la que encontramos que es difícil experimentar y disfrutar su presencia permanente es porque nos gloriamos en la cruz en la cual hemos sido crucificados para el mundo? Hemos sido crucificados con Cristo;… “nuestro viejo hombre ha sido crucificado con El” (Romanos 6:6)….”los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (gálatas 5:24). Sin embargo, muy poco hemos aprendido en cuanto a que el mundo ha sido crucificado para nosotros y que somos libres de su poder. Que poco hemos aprendido aquellos que hemos sido crucificados con Cristo, a negarnos a nosotros mismos, a tener el sentir que tuvo Cristo cuando se despojó a sí mismo, tomo forma de siervo, se humillo a sí mismo y fue obediente hasta la muerte en la cruz (Filipenses2:7-8).

Aprendamos la lección que encontramos en el Cristo crucificado que camina con nosotros cada día y en cuyo poder nosotros también podemos vivir una vida que puede declarar: con Cristo estoy juntamente crucificado…El Cristo crucificado vive en mí.

Tomado de:

“Los secretos de la oración y la intercesión” de Andrew Murray.

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