Cristo crucificado

la cruz

Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.

Gálatas 6:14

La mayor gloria de Cristo es Su cruz. Fue en ella donde El glorifico al Padre y el Padre lo glorifico a Él. En aquel maravilloso capítulo 5 de apocalipsis es el cordero inmolado que está en el trono, quien recibe la alabanza de los que han sido rescatados, de los ángeles y de toda la creación.

Sus siervos han aprendido a decir: “pero lejos este de mi gloriarme, sino de la cruz de nuestro señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí y yo al mundo” (Gálatas 6:14). ¿No sería lo más razonable, entonces, que la mayor gloria sea también la nuestra?

Cuando el señor Jesús les dijo a sus discípulos: yo estoy con vosotros todos los días, era el crucificado, el que les había mostrado sus manos y sus pies; quien les hacia esta promesa. Y para cada persona que busca asir su promesa, es de suma importancia reconocer que el Jesús crucificado es quien ofrece estar con nosotros cada día.

¿Será que una de las razones por la que encontramos que es difícil experimentar y disfrutar su presencia permanente es porque nos gloriamos en la cruz en la cual hemos sido crucificados para el mundo? Hemos sido crucificados con Cristo;… “nuestro viejo hombre ha sido crucificado con El” (Romanos 6:6)….”los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (gálatas 5:24). Sin embargo, muy poco hemos aprendido en cuanto a que el mundo ha sido crucificado para nosotros y que somos libres de su poder. Que poco hemos aprendido aquellos que hemos sido crucificados con Cristo, a negarnos a nosotros mismos, a tener el sentir que tuvo Cristo cuando se despojó a sí mismo, tomo forma de siervo, se humillo a sí mismo y fue obediente hasta la muerte en la cruz (Filipenses2:7-8).

Aprendamos la lección que encontramos en el Cristo crucificado que camina con nosotros cada día y en cuyo poder nosotros también podemos vivir una vida que puede declarar: con Cristo estoy juntamente crucificado…El Cristo crucificado vive en mí.

Tomado de:

“Los secretos de la oración y la intercesión” de Andrew Murray.

Entendiendo el evangelio


Pastor Tony Hancock

Recientemente visitábamos un lugar donde se quedan los trabajadores del campo, y nos encontramos con un grupo de trabajadores haitianos. En Haití, por supuesto, se habla un dialecto de francés. En mi niñez, tomé unos pocos meses de clases de francés. Realmente no lo hablo, y puedo entender sólo unas pocas palabras de ese idioma.

Mientras tratábamos de comunicarnos de alguna u otra forma con estos trabajadores, uno de ellos me hizo una pregunta que sí logré captar. Me dijo: “Vous êtes évangélique?” ¿Es usted evangélico? No pude decirle mucho más que “oui”, sí. Le regalé un Nuevo Testamento en francés haitiano, con una oración de que el Señor lo usara para tocar su vida.

Después de esta experiencia, pude apreciar mucho más la frustración de los que quieren comunicarse con los que no hablan su idioma. ¡Se siente uno impotente! Pero también me hizo reflexionar sobre lo que sí logramos comunicar – la palabra “evangélico”. El lenguaje nos dividía, pero el evangelio nos sirvió como puente de unión.

Nos identificamos como evangélicos, hablamos del poder del evangelio, y salimos a evangelizar. Pero ¿qué significa esta palabra que usamos tanto? ¿Qué es este evangelio que nos define como creyentes? ¿Por qué es tan importante? El evangelio es muy poderoso, pero existe el peligro de que lo mencionemos mucho sin realmente entenderlo. La falta de entendimiento nos puede separar de Dios, así como el idioma me separó de aquel haitiano.

En la porción bíblica que consideraremos hoy, Dios nos habla de este evangelio que nos puede transformar por completo. Nos explica cómo llegamos a experimentar su poder, nos dice qué es el evangelio, y nos demuestra cómo levanta a la persona más baja. Lo que Dios te dice hoy tiene poder para cambiar tu vida. Abramos la Biblia en 1 Corintios 15, y empecemos con los versos 1-2:

15:1 Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis;
15:2 por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.

En los versículos siguientes, que leeremos dentro de unos momentos, Dios nos explica qué es el evangelio. Pero primero, nos dice cómo se tiene que recibir el evangelio para que tenga poder. El evangelio es poderoso, pero sólo si recibe con fe verdadera. Este evangelio es capaz de salvarnos, como lo aclara el verso 2.

¿De qué nos salva? Nos salva del pecado, con todas sus consecuencias. El pecado nos separa de Dios, dejándonos huérfanos espirituales. Nos deja con una sensación en lo más profundo de nuestro corazón de que algo no está bien. Finalmente, si no se resuelve, el pecado nos condena al sufrimiento eterno.

Pero para ser salvos, tenemos que recibir el evangelio y mantenernos firmes en ese evangelio, con fe. No es suficiente con sólo escuchar el evangelio y entenderlo. Es necesario confiar de corazón en su verdad. Es como cuando se construye con ladrillos. Para unir los ladrillos, se usa mezcla – generalmente arena, cemento y agua.

Imaginemos, por un momento, a un hombre que decide construir, pero le da pereza mezclar la arena, el cemento y el agua. Más bien, simplemente echa un poco de arena aquí, un poco de cemento por acá y rocía un poco de agua por otra parte. ¿Le quedará bien la construcción?

¡Claro que no! Los ingredientes sólo funcionan si se combinan. De igual modo, el evangelio no tendrá ningún poder para unirnos a Dios, a menos que se combine con fe. La mezcla del evangelio y la fe, la confianza, es lo único que nos puede salvar. Si sólo escuchamos el evangelio, pero no lo combinamos con fe, de nada nos servirá.

Para que esa fe sea eficaz, tenemos que perseverar en ella. El verso 2 nos dice algo muy interesante: nos dice que es posible creer en vano. ¿Qué significa esto? Significa que podemos tener una reacción emocional que se parece a la fe, pero que no es fe verdadera – porque no dura. Una fe que dura un rato y luego se esfuma no es fe verdadera. Tenemos que aferrarnos a la Palabra que hemos creído.

Una vez, en una visita a un zoológico, vi unos monos que vivían en una isla en el centro de una laguna artificial. De repente, un cuidador llegó a la isla en una pequeña lancha con una cubeta de comida en la mano. Al instante, uno de los monos se abalanzó sobre el cuidador y lo abrazó como si nunca lo fuera a soltar.

No sé cuáles pensamientos pasarán por la mente de un mono, pero me las imaginaba así: “¡Ya llegó mi cuidador! ¡Me trajo de comer! ¡No lo voy a soltar jamás!” Ese mono es un buen ejemplo para nosotros. Así también tenemos que aferrarnos al evangelio, sin soltarlo.

Pero entonces, ¿qué es el evangelio? Sigamos leyendo los versos 3 al 8 para descubrirlo:

15:3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;
15:4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;
15:5 y que apareció a Cefas, y después a los doce.
15:6 Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen.
15:7 Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles;
15:8 y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.

El apóstol Pablo nos comparte lo que él mismo recibió de los que vieron los hechos. En otras palabras, estamos hablando de eventos que sucedieron en la historia. Muchas personas los vieron; cuando Pablo escribió estas palabras, la mayoría de ellos vivía aún.

Nadie dudaría que Jesús realmente había muerto, pero muchos podían dudar de su resurrección. Por esto, el apóstol menciona el gran número de personas que lo vieron en persona – no como un fantasma, sino con un cuerpo. Lo vieron Pedro, los doce discípulos, más de quinientas personas reunidas, Jacobo – medio hermano de Jesús, y finalmente, Pablo mismo. Tantas personas, en tantas ocasiones diferentes, no podrían sufrir de alucinaciones. Estamos hablando de algo real.

Cuando somos niños, aprendemos algunas cosas que nos parecen ciertas, pero que luego dejamos de creer. Por ejemplo, nos hablan de Santa Claus, que vive en el Polo Norte y viaja en un trineo llevado por renos. En la niñez, no cuestionamos que sea cierto; pero al paso de los años, nos damos cuenta de que no es así. Santa Claus es un invento, una historia bonita, pero realmente no existe.

Lo que Jesucristo hizo por nosotros en la cruz no es simplemente un cuento bonito. Su resurrección de los muertos no es otro fábula, quizás con una moraleja edificante, pero sin base en la realidad. ¡No! Son cosas que realmente sucedieron. Estos eventos forman la base del evangelio. El evangelio es el mensaje de lo que Jesucristo hizo por nosotros en su muerte y su resurrección.

Todo esto sucedió en cumplimiento de lo que Dios ya había prometido en las Escrituras. En otras palabras, la muerte y la resurrección de Jesucristo son la culminación del plan de Dios, que El ya había revelado antes por medio de sus profetas. No fue un invento de última hora; es lo que Dios había preparado desde la creación, para nuestra salvación.

¿Qué tenemos que hacer con esta información? Como vimos al principio, tenemos que creerlo y confiar en El. Si lo hacemos, cambiará nuestra vida. La historia nos da un ejemplo. Al final de la Guerra Civil en los Estados Unidos, los esclavos fueron puestos en libertad. Lentamente empezó a correr la noticia de que ya no eran esclavos, sino libres.

Se relata que algunos, al recibir la noticia, no la creyeron. No les parecía posible que en realidad hubiesen sido liberados. Aunque se les había dicho que ya eran hombres libres, regresaron a la plantación, se durmieron en los cuarteles de esclavos, y se levantaron al día siguiente para trabajar como esclavos. Recibieron la noticia, pero no la creyeron – y se quedaron en la esclavitud.

Una cosa es recibir una noticia, y otra cosa es creerla. Es por esto que es necesario recibir el evangelio con fe. Si crees de corazón que Cristo murió por tus pecados y entiendes que El se sacrificó por ti, ya no llevarás esa carga de culpa. Ya no te dejarás dominar por el pecado.

Si tú comprendes que Satanás fue derrotado en la cruz, ya no le tendrás miedo. Ya no temerás lo que te pueda hacer. Si entiendes que Jesús resucitó de los muertos y venció la muerte, y te entregas a El, ya no le tendrás temor a la muerte. Sabes que, si confías en Cristo, compartirás su victoria sobre la muerte.

El evangelio es poderoso, cuando lo crees de corazón. Y este evangelio trae la gracia de Dios, que exalta al despreciado. Leamos los versos 9 al 11:

15:9 Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.
15:10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.
15:11 Porque o sea yo o sean ellos, así predicamos, y así habéis creído.

Pablo mismo reconoce que no merece ser llamado apóstol. En su misericordia, Jesucristo se le apareció, lo llamó y le dio una tarea muy especial. Pablo no se ganó esa posición con sus grandes hazañas. Al contrario; antes de convertirse, él perseguía a la Iglesia de Cristo.

Pero Dios, en su gracia, lo rescató. Le dio el privilegio de anunciar el evangelio y fundar muchas Iglesias. Lo usó para escribir parte del Nuevo Testamento. Así es el evangelio. El evangelio no es el mensaje de lo que tú te puedes ganar por esfuerzo propio, sino que te dice lo que Dios ha hecho por ti. Es un mensaje de amor y aceptación, de bondad y de gracia.

Si Dios nos diera lo que merecemos, todos estaríamos perdidos. Sobre la puerta del infierno deberá decir: “Merecido”. En cambio, la puerta del cielo se abre por la gracia de Dios. El lo hizo por nosotros. Cristo murió por nuestros pecados, y resucitó, venciendo al diablo y la muerte.

¿Has confiado en el evangelio? ¿Lo has recibido con fe? Si lo has hecho, ¿estás compartiendo este mensaje con otros? Es con buena razón que nos llamamos evangélicos, porque el evangelio está al centro de nuestra identidad. Vivamos con el evangelio al centro, dependiendo totalmente de Cristo y compartiéndolo con otros.

Fuente:

http://www.iglesiatriunfante.com/sermon/

Richard Baxter

 

 

“No fui más que una pluma en la mano de Dios y ¿qué alabanza se le debe dar a una pluma?”

Richard Baxter nació en Inglaterra en el año 1614. Fue conocido durante su vida como el pastor cuyo fiel ministerio transformó a los habitantes de Kidderminster, antes famosos por su corrupción. Se convirtieron en hombres y mujeres que llevaron fruto de verdadero arrepentimiento. Con el propósito de animar a otros pastores para que pusieran celo y fervor en su labor, escribió un libro llamado “The Reformed Pastor” (El pastor reformado). No utilizó la palabra “reformado” haciendo referencia a la teología o la doctrina, sino a la transformación y a un cambio a mejor. En su introducción para una reedición moderna de “The Reformed Pastor” (El pastor reformado), J.I. Packer escribe que el libro ha sido utilizado siempre en las vidas de muchos ministros, y que C.H. Spurgeon se encuentra entre aquellos que se sintieron alentados y amonestados por él.

En la época en la que vivió Richard Baxter, la Iglesia de Inglaterra seguía reteniendo características católico romanas, como el hacer hincapié en los rituales externos en lugar de recalcar la verdadera espiritualidad. Además, todos los pastores y las congregaciones debían someterse al gobierno de la iglesia oficial que, a su vez, estaba entrelazada con el Estado. Aunque el Rey Santiago I era calvinista, e incluso fue él quien encargó la versión de la Biblia King James, admitió que no podía quitarle autoridad a la Iglesia de Inglaterra sin destruir a la monarquía cuando dijo: “sin obispo no hay rey”. Baxter no salió ileso de las controversias que culminaron en la Guerra Civil Inglesa (1642-48), la ejecución del Rey Carlos I (1649) y, finalmente, la restauración de la monarquía en 1660. Aunque no era un inconformista radical fue expulsado de su púlpito en Kidderminster después del Acta de Uniformidad de 1662. Afortunadamente vivió para ver el Acta de Tolerancia de 1689 y después de eso, se le permitió que predicara libremente. Murió el 8 de diciembre de 1691.

Las obras devocionales y prácticas de Baxter son alabadas por la forma en la que han sido, y siguen siendo utilizadas, por Dios para calar en la conciencia y estimular los afectos. Sin embargo, cae en el error doctrinal cuando, en vez de ver a Jesucristo como el cumplimiento de la ley, enseña que la fe y el arrepentimiento son el cumplimiento de una nueva ley. Los lectores deberían tener cuidado y no seguirle en este error y, al mismo tiempo, esforzarse en retener todo lo bueno que hay en sus obras. Escritor prolífico, su “Christian Directory” (Guía cristiana) y “The Saint’s Everlasting Rest” (El reposo eterno de los santos), fueron los últimos libros que escribió, cuando estaba enfermo y su muerte estaba ya muy próxima. Estas obras han tenido una influencia especial a lo largo de los siglos.

 

fuente:

http://www.ibrnj.org/richard-baxter/

La fidelidad de Carlos Simeon

 

Por William P. Farley

Este es el primero en una serie de cuatro artículos sobre grandes predicadores que vivían desde el comienzo de la Revolución Americana hasta el final del Gran Despertamiento, aproximadamente 1835.   Exploraremos las vidas de Carlos Simeon, Asahel Nettleton, Eduardo Payson, y Carlos Finney.   El pastor del siglo 21 tiene una herencia rica en estos hombres de Dios.   Su falta de egoísmo y servicio fiel a Dios y a sus congregaciones nos inspira todavía hoy.

Nuestro primero estudio es sobre la vida de Carlos Simeon.   Su pasión por Cristo, su vida devocional, y las horas largas que pasaba a solas con Dios en estudio lo convirtieron en un predicador poderoso y un siervo dedicado a Dios.

LA JUVENTUD DE SIMEON

En 1782, la iglesia Anglicana ordenó a Carolo Simeon cuando tuvo 23 años.   Como Whitefield antes que él, y después Spurgeon, sus poderes en el púlpito eran inmediatamente evidentes.

Unos meses después de la ordenación de Simeon, un amigo, Atkinson, que era pastor pidió que él le ayudara en el púlpito mientras estaba en unas vacaciones largas.   En Inglaterra, el último cuarto del siglo 18 era un tiempo espiritualmente oscuro.   La mayoría de las grandes catedrales y capillas estaban vacías.   Esto era la realidad también en la iglesia de Atkinson.   El primer esfuerzo de Simeon de ministrar cambió esto.   Henry Venn notó, “En menos de diecisiete domingos, predicando por el Sr. Atkinson en una iglesia de Cambridge, él [Simeon] la llenó de personas —algo no conocido por casi un siglo. …Tan grande era la multitud que venía a escuchar el “sustituto” que llenó las bancas y pasillos aun hasta la oficina del clérigo.   El pastor Atkinson, regresando de sus vacaciones, encontró a su clérigo molesto, pero contento con la idea de un alivio; “Oh, señor, estoy tan contento que usted llegó; ahora podemos tener un poco de espacio.”1

¿Quién era este hombre joven que podía llenar las iglesias vacías a los 23 años?   ¿Por qué es importante para los pastores del siglo 21?

SU CONVERSIÓN

Juan Wesley acaba de cumplir 56 años, y Jonatan Edwards había muerto recientemente cuando, en 1759, Simeon nación a una familia inglesa de clase alta.   La vida de Simeon abarcó la Revolución Americana, la Revolución Francesa, y el nacimiento de la Revolución Industrial.   Él era de la misma generación que Juan Adams y Tomás Jefferson.

Simeon creció en un hogar de no creyentes.   Cuando tenía 18 años, su padre lo mandó a Cambridge.   Él se convirtió durante sus primeros cuatro meses allí.

Poco después de su llegada, el director de la universidad informó a Simeon que tenía que asistir la comunión en unas semanas.   Inmediatamente, el Espíritu Santo trajo una convicción tremenda del pecado a este Simeon joven.   Él sentía una gran falta de mérito y culpa.   A pesar de la ausencia de principios cristianos en su hogar, él temía la idea de tomar la Cena del Señor de una manera indigna.  

Buscando paz con Dios él empezó a leer la Biblia y otros libros espirituales.   Esta agonía de conciencia continuó por varias semanas; no podía encontrar un alivio.   Finalmente, al leer un libro por el Obispo Wilson sobre la Cena de Señor, él entendió la realidad de la expiación de Cristo.   Él entendió que sus pecados fueron puestos sobre Él que había muerto en su lugar.   “Desde esta hora,” él escribió, “la paz fluyó en una abundancia rica en mi alma; y en la mesa del Señor en nuestra capilla yo tenía al acceso más dulce a Dios por medio de mi Salvador bendito.”2

Como Lutero y Spurgeon, las experiencias agonizas de su conversión le impresionaron con el poder de la cruz, y nunca podía olvidarlas.   Por esta razón la expiación era el tema constante de sus enseñanzas.   Uno de sus biógrafos lo describió así: “Para él, Cristo era el centro de todos los asuntos del hombre pecaminoso; y todos los que le escuchaban, para él, eran pecadores, por los cuales el Evangelio era el único remedio.   Cristo era el Evangelio; y la fe personal en Él, una persona viva, era el secreto del Evangelio.”3

Su lucha personal le impresionó con la importancia del conocimiento del pecado en el proceso de la conversión.   Es por esta razón que sus predicaciones dirigían a estos tres afectos: “Humillar el pecador, exaltar el Salvador, y promover la santidad.”4   Pocos pastores contemporáneos pondrían la convicción de pecadores como su primer propósito en la predicación.   El consolar a los pecadores es nuestro propósito general.   ¿Podríamos usar la opinión del pecado de Simeon hoy?

MINISTERIO RECHAZADO

Unos meses después del éxito de sus predicaciones mencionadas, él fue nombrado pastor de Trinity Church en Cambridge.   Probablemente fue seleccionado debido a la influencia de su padre, su piedad obvia y sus dones de predicar.   El nombramiento de Simeon a los 23 años no era normal.   Trabajos como este normalmente eran reservados para hombres más grandes con más experiencia.   Y esto es como pensaron también los miembros de esta iglesia antigua y influyente.   Ellos querían un hombre más grande.   Era tanto su decepción con el nombramiento de Simeon que decidieron boicotear los servicios.

En estos días, los miembros de la iglesia compraban sus bancas.   Los enemigos de Simeon usaron este poder contra él.   Boicoteaban el ministerio de Simeon y aseguraban que otros también hacían lo mismo al encerrar y cerrar con llave sus bancas.  

Pero infravaloraron la persistencia de Simeon.   Él era un hombre de gran paciencia, fortaleza, y obstinación.   A pesar de la resistencia de estos hombres y muchos otros, él soportaba esta persecución por 12 años.   Durante este tiempo los oyentes se sentaban en los pasillos y espacios vacíos.   La influencia de sus predicaciones poderosas finalmente ganó a sus enemigos.   Poco a poco regresaron a sus bancas.   Durante estas dificultades Simeon mantenían una actitud de humildad y paciencia, finalmente ganando a sus enemigos con amor.

En un punto difícil de su vida, Simeon buscó la ayuda de Dios para una palabra de ánimo.   Abrió su Biblia al azar a Marcos 15:21: “Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene …que venía del campo, a que le llevase la cruz.”   Simeon significa Simón.   El mensaje era claro.   Él tenía que llevar su cruz.   Lo hizo con gratitud.

TEMPORADAS DE ÉXITO

Poco a poco, oportunidades de predicar en iglesias más grandes empezaron a presentarse.   El Reverendo W. Carus Wilson describe la primera oportunidad que Simeon tenía para predicar en la gran iglesia de Santa María en Cambridge.   “En el principio había una disposición de perturbar y molestar el predicador de una manera, desafortunadamente, muy común en estos tiempos.   Pero apenas había avanzado más de unas frases, cuando el arreglo lúcido de su exordio, y su manera seria y dominante, impresionaron la asamblea entera con sentimientos de solemnidad profunda, y lo escucharon hasta el final con la atención más respetuosa y fascinada.   La inmensa congregación partió de aquel lugar con una disposición muy distinta a la que tenían cuando congregaron.”5   Esto era el afecto normal del ministerio de Simeon.

Simeon se quedó en Trinity Church por 54 años, hasta la edad de 77.   Él ministró sin rencor ni venganza y fue decidido en ser un testigo continuo para Cristo a pesar de la resistencia.   Él era fiel en el lugar donde Cristo lo plantó.

Después de un tiempo llegó a ser popular y famoso.   Empezó a recibir invitaciones para hablar en Inglaterra y Escocia.   Durante estos años muchos se convirtieron debido a su ministerio.   Por ejemplo, cuando había un informe que él iba a hablar en un lugar específico, grandes multitudes llegaban.   Brown, en Recollections [Recuerdos], notó, “En noviembre de 1811, la vista de la iglesia rebosando era casi electrizante.   En 1814, casi no había lugar para mover, ni arriba ni abajo.   En 1815, las multitudes eran inmensas; la atención era sincera y profunda.   En 1823 muchos no podían ni entrar en las puertas.”6

En su apartamento también él dirigía reuniones semanales para estudiantes universitarios.   Estas reuniones influenciaron a muchos hombres jóvenes que luego se dedicaron al ministerio.   El efecto positivo sobre la iglesia Anglicana del siglo 19 era grande.

Cuando él murió a los 77 años, Simeon había ganado sus enemigos con amor.   Él había ganado el respeto y amor del pueblo, profesores, y estudiantes.   Fue estimado por Inglaterra como uno de los líderes cristianos más destacados.   Su biógrafo notó, “Probablemente nunca hubo un funeral en Cambridge como el de Simeon; porque no solamente hubo una asistencia enorme y un respeto profundo, pero también hubo corazones innumerables que sentían que habían perdido a un padre, y todos recordaron el contraste de los días anteriores.”7

SUS LOGROS

“Sería difícil exagerar su influencia personal sobre el desarrollo de la homilética anglicana,”8 notó Arthur Pollard.   La mayoría de su desarrollo homilético vino a través de su influencia sobre los hombres jóvenes que estudiaron en Cambridge, asistieron sus reuniones semanales, y salieron para predicar en los púlpitos alrededor de Inglaterra y el mundo.  

Habiendo vencido sus enemigos con paciencia humilde, él vivía una vida suficientemente larga y llegó a tener un prestigio suficientemente grande como para presentar la obra de su vida —los bosquejos de sus sermones en 21 volúmenes, Horae Homiletica— al Rey Guillermo IV en 1833.

Si tuviéramos el espacio, podríamos examinar las otras persecuciones en su vida y cómo él las superó con amor, su papel originario en el movimiento misionero creciente en Inglaterra, su gran poder en el púlpito, su devoción a la Biblia, su compromiso constante al celibato por el bien del evangelio, y su influencia sobre hombres como Juan Stott del siglo 20.

Déjenme tomar un minuto para sacar algunas lecciones de la vida de Carlos Simeon.

LECCIONES PARA EL PASTOR DE HOY

Primero, él reconocía que un hombre solamente predica bien un sermón que primero ha predicado a su propia alma.   Un pastor no tiene nada que predicar hasta que Dios le hable, y esto requiere horas largas a solas con Dios.   Simeon escribió, “Pero el estado completo de tu alma ante Dios tiene que ser el primer punto para considerar; porque si tu no tienes pensamientos verdaderamente espirituales, y no vives sinceramente según estas verdades de las cuales predicas o compartes con otros, entonces llegarás a tener muy poco propósito.”9

En el caso de Simeon, su poder de predicar era un resultado de su piedad.   En una era sin luces eléctricas ni calefacción central, Simeon se levantaba a las 4 cada mañana y oraba y estudiaba las primeras 4 horas de cada día, frecuentemente por la luz de velas.   Sería difícil para él entender la tentación moderna de poner las responsabilidades administrativas antes del tiempo a solas con Dios.  

Segundo, él luchaba durante toda su vida para aumentar su humildad.   En su lecho de muerte, él dijo, “Esto sí sé, que yo soy el peor de los pecadores, y el monumento más grande de la misericordia de Dios; y yo sé que no puedo estar equivocado en esto .”10

Cuando le preguntaban acerca de los requisitos más importantes para tener eficacia pastoral, él respondía sin indecisión, “Solamente se necesita tres cosas – humildad, humildad, y humildad.”11

Él luchaba día y noche para saber mejor su pecado, no para condenarse a sí mismo, sino para acercarse más a Cristo.   “Simeon llegó a conocerse y conocer su pecado profundamente,” notó Juan Piper.   “Él describió su proceso de madurar en el ministerio como un crecimiento para abajo.”12

Tan obsesionados que somos con el auto-estima, las mentes modernas lucharían con la espiritualidad de Simeon.   Pero su enfoque en el pecado y humildad es exactamente lo que la iglesia necesita hoy.   El poder en el púlpito es un resultado directo del tipo de auto–humillación interna y profunda que marcó la vida de Simeon.   Él escribió cosas como, “Nunca he pensado que las circunstancias del perdón de Dios eran una razón para perdonarme a mí mismo: al contrario, yo siempre he razonado que es mejor detestarme aun más, en proporción de lo que yo sabía que Dios era pacificado hacia mí. …Hay solamente dos objetivos que yo he deseado comprender durante estos 40 años; uno es mi propia bajeza; y el otro es la gloria de Dios en la cara de Jesucristo: y yo siempre he enseñado que deben ser observados juntos .”13

Tercero, podemos aprender mucho de su perseverancia inspirada por su fe.   Sus 54 años en una sola iglesia fue estimulado por su amor por Dios y el hombre.   No es malo que un hombre vaya a otra iglesia si las razones sean correctas.   Simeon sentía que fue llamado a Trinity Church.   Él negó la idea de irse, aun cuando las bancas estaban cerradas con llave y la oposición era formidable, y luego también cuando las ofertas atractivas empezaban a presentarse.  

Simeon no estaría de acuerdo con la mentalidad moderna que dice que el ministerio es una profesión donde uno debe avanzar con cambios a iglesias más grandes.   Más bien, él vio el ministerio como un llamado a servir una congregación al sacrificar su vida y ego.  

Su amor profundo y ardiente por Cristo, su vida devocional disciplinada y constante, y sus horas largas a solas cara–a–cara con Dios en su estudio eran las fuentes de su poder en el púlpito.   Desde esta fundación, Dios le apoderó para alimentar a su rebaño con la Pan de Vida.   Nuestra gente necesita la misma alimentación hoy.   Que la vida de Carlos Simeon nos inspire a prepararlos un banquete espiritual.

La historia es su historia.

 

Fuente:

http://ag.org/enrichmentjournal_sp/200502/200502_112_simeon.cfm

Sermón 53 – A la muerte de Jorge Whitefield

 

Números 23:10

Muera yo la muerte de los rectos, y mi postrimería sea como la suya.

1.         “Y mi postrimería sea como la suya”. ¿Cuántos de ustedes comparten este deseo Quizás pocos de esta numerosa congregación no lo compartan. ¡Que tal deseo pueda anidar en su mente! ¡Y que no se desvanezca hasta que sus almas también puedan reposar allí donde los impíos dejan de perturbar, y allí descansan los de agotadas fuerzas![1]

2.         No debe esperarse en esta ocasión una exposición elaborada del texto. Les apartaría demasiado del triste aunque grato recuerdo de su amado hermano, amigo y pastor; y también padre, porque ¡cuántos hay aquí que él engendró en el Señor![2] ¿No sería más apropiado a sus expectativas, así como a la solemnidad de esta ocasión, hablar directamente de este hombre de Dios a quien ustedes con frecuencia han escuchado platicar en este lugar La finalidad de cuya plática, ustedes saben, ha sido Jesucristo, es el mismo ayer, y hoy y por los siglos.[3]

Podemos pues,

Primero, prestar atención a algunos datos de su vida y muerte;

Segundo, prestar atención a su carácter; y,

Tercero, preguntarnos cómo podemos superar esta terrible situación, su repentina partida de entre nosotros.

I.1.       Podemos, en primer lugar, examinar unos pocos pormenores de su vida y muerte. Nació en Gloucester en diciembre de 1714,[4] y fue inscrito allí en una escuela primaria cuando tenía unos doce años de edad. A los diecisiete años comenzó, según su mejor entender, a tomar en serio la religión y a servir a Dios. Alrededor de los dieciocho se trasladó a la universidad y fue admitido en la Escuela Superior de Pembroke en Oxford. Y luego de un año tomó conocimiento de los así llamados metodistas, a quienes desde aquella época amó como a su propia alma.

2.         Fue convencido por ellos de que nos es necesario nacer de nuevo,[5] pues la religión exterior no nos aprovechará de nada. Se les unió para los ayunos de miércoles y viernes, para visitar a los enfermos y encarcelados, aprovechando todo instante, para que ningún momento fuera pérdida de tiempo; y cambió el curso de sus estudios, principalmente leyendo aquellos libros que se internaban en el corazón de la religión y conducían a la experiencia del conocimiento de Jesucristo y a éste crucificado.[6]

3.         Pronto fue puesto a prueba como con fuego. No sólo perdió su reputación y lo abandonaron algunos de sus mejores amigos, sino que fue probado interiormente y de la manera más severa. Pasó muchas noches insomne, muchos días postrado sobre el suelo. Pero luego de haber sufrido varios meses bajo el espíritu de esclavitud, a Dios le plugo quitarle la carga dándole el espíritu de adopción,[7] capacitándolo, por medio de una fe viviente, a aferrarse al Hijo amado.[8]

4.         Sin embargo, se pensó que para recuperar su salud, por entonces muy deteriorada, debería ir al campo. De acuerdo con esto marchó a Gloucester, donde Dios le permitió despertar a varios jóvenes. Muy pronto éstos se organizaron en una pequeña sociedad y fueron uno de los primeros frutos de su labor. Poco después comenzó a leer en voz alta dos o tres veces por semana para algunos pobres del pueblo, y todos los días a leer y orar con los presos de la cárcel del condado.

5.         Teniendo por entonces unos veintiún años de edad, se le pidió ingresar al ministerio. Pero tuvo gran temor, pues era muy consciente de su propia insuficiencia. Mas el mismo obispo envió por él y le dijo: “Aunque me propuse no ordenar a nadie menor de veintitrés años, no obstante a usted lo ordenaré cuando quiera que venga”; y dadas otras circunstan­cias coincidentes, obedeció y fue ordenado el Domingo de Trinidad de 1736.[9] Al domingo siguiente predicó a un atestado auditorio en la iglesia donde había sido bautizado. A la semana siguiente regresó a Oxford y recibió su título de Bachiller. Ahora se encontraba completamente ocupado; la atención a los encarcelados y a los pobres quedó principalmente bajo su responsabilidad.

6.         Mas no mucho después fue invitado a Londres para atender a la obra de un amigo que iba al campo.[10] Continuó allá dos meses, alojado en la Torre, teniendo a su cargo las devociones en la capilla dos veces por semana, catequizando y predicando una vez por semana, además de visitar diariamente a los soldados en las barracas y en la enfermería. También tenía a su cargo las oraciones vespertinas en la Capilla Wapping y predicaba en la cárcel de Ludgate cada martes. Mientras estaba allí le llegaron cartas de sus amigos desde Georgia, que lo hicieron anhelar viajar y ayudarles. Mas no teniendo muy claro su llamado, al momento oportuno retornó a su pequeño cargo en Oxford; donde varios jóvenes se reunían en su cuarto diariamente para edificarse uno a otro en su santísima fe.[11]

7.         Mas pronto fue llamado a reemplazar al sacerdote de Dummer en el condado de Hamp.[12] Allí tuvo a cargo las devociones dos veces por día, temprano por la mañana y a la noche luego que la gente volvía del trabajo. También diariamente catequizaba a los niños, y visitaba casa por casa. Por entonces dividía cada jornada en tres partes, dedicando ocho horas a dormir y comer, ocho a estudiar y hacer retiro, y ocho horas a las devociones, catecismo y visitación de la gente. ¿Acaso habrá un camino más excelente para un siervo de Cristo y su iglesia Si no es así ¿quien irá y hará lo mismo[13]

8.         No obstante su mente aún continuaba pensando en ir al extranjero. Y estando ahora plenamente convencido de estar llamado por Dios para ello, puso todas las cosas en orden, y en enero de 1737 fue a despedirse de sus amigos de Gloucester. Fue en este viaje que Dios comenzó a bendecir su ministerio de una manera poco común. Dondequiera predicaba, se congregaban sorprendentes multitudes de oyentes, en Gloucester, en Stonehouse, en Bath, en Brístol; de suerte que el calor sofocante de las iglesias era insoportable. Y el efecto causado en la mente de muchos no era menos extraordinario. Luego de su regreso a Londres, y mientras estaba retenido por el General Oglethorpe[14] de semana a semana y de mes a mes, agradó a Dios bendecir su palabra aún más. Y fue infatigable en su labor. Los domingos generalmente predicaba cuatro veces, a grandes auditorios, además de tener oficios dos o tres veces, y de caminar de un lado para otro, con frecuencia unos quince a veinte kilómetros.

9.         El 28 de diciembre (1737) partió de Londres. El 29 fue la primera vez que predicó sin notas. El 30 de diciembre abordó la nave; pero ésta demoró poco más de un mes antes de zarpar. Un efecto feliz de su muy lenta travesía la menciona en abril: “Bendito sea Dios, ahora vivimos muy cómodamente en la cabina grande. Poco hablamos que no sea de Dios y Cristo. (…) Y cuando estamos juntos, apenas se oye una palabra entre nosotros, sino aquella que haga referencia a nuestra caída en el primer Adán, y nuestro nuevo nacimiento en el segundo”.[15] De la misma manera parece que el breve tiempo que pasaron en Gibraltar fue de una providencia peculiar, pues ciudadanos y soldados, de alto o bajo rango, jóvenes y viejos, agradecieron el día de su visita.

10.       Desde el domingo 7 de mayo de 1738 hasta fines de agosto hizo plena prueba de su ministerio[16] en Georgia, particularmente en Savannah. Tuvo a cargo los devocionarios y exposiciones de la Palabra dos veces al día y visitó diariamente a los enfermos. Los domingos tenía exposiciones a las cinco de la mañana; a las diez devociones y predicación, lo mismo que a las tres de la tarde; y a las siete de la noche explicaba el Catecismo de la Iglesia. ¡Cuánto más fácil es para nuestros hermanos en el ministerio (sea en Inglaterra, Escocia o Irlanda) encontrar defectos de un obrero en la viña del Señor que seguir sus pasos!

11.       Fue por entonces que advirtió la deplorable condición de muchos niños en Georgia; y Dios puso en su corazón los primeros pensamientos para fundar un hogar de huérfanos. A este fin decidió solicitar contribuciones en Inglaterra, si Dios le diera un seguro retorno allá. Al siguiente diciembre retornó a Londres y un domingo, el 14 de enero de 1739, fue ordenado sacerdote en la Iglesia de Cristo, en Oxford. Al día siguiente vino a Londres nuevamente; y el domingo 21 predicó dos veces. Pero aunque los templos eran grandes y completamente atestados, no obstante centenares de personas quedaron en el camposanto, y otros cientos más debieron volverse a sus hogares. Esto le dio la primera idea de predicar al aire libre, mas cuando se lo mencionó a algunos amigos, consideraron que era una locura. Así que no lo llegó a poner en práctica sino después de haber dejado Londres. Fue un miércoles, febrero 21, que encontrando en Brístol todas las puertas de las iglesias cerradas (además de que ninguna iglesia tenía capacidad para la mitad de la congregación) a las tres de la tarde fue a Kingswood y predicó afuera, a unas dos mil personas. El viernes predicó allí de cuatro a cinco mil personas, y se estimó que el domingo a unas diez mil. El número aumentaba continuamente todo el tiempo que permaneció en Brístol. Y se encendió una llama de amor santo, que no será fácil extinguir. La misma fue luego encendida en varios lugares de Gales, y de los condados de Gloucester y Worcester. En verdad, dondequiera iba Dios confirmaba de forma abundante la palabra de su mensaje.

12.       El domingo 29 de abril predicó por primera vez en Moorfields y en el ejido de Kennington. Los miles de oyentes estuvieron tan silenciosos como en un templo. Estando de nuevo demorado en Inglaterra de mes a mes, realizó breves excursiones a varios condados, donde recibió la contribución de multitudes generosas para un orfanatorio en Georgia. El embargo que entonces se impuso a la navegación[17] le dejó tiempo libre para dar más viajes a través de varias partes de Inglaterra, por lo cual muchos tendrán razón de bendecir a Dios por toda la eternidad. Por fin, se embarcó el 14 de agosto, pero no arribó a Pennsylvania sino hasta el 30 de octubre. Posteriormente viajó a través de Pennsylvania, las Jerseys, Nueva York, Maryland, Virginia, Carolina del Norte y del Sur, predicando siempre a congregaciones inmensas, con un efecto tan grande e importante como en Inglaterra. El 10 de enero de 1740 arribó a Savannah.

13.       El 29 de enero agregó tres huérfanos desamparados a los cerca de veinte que tenía en su casa desde antes. Al día siguiente hizo el trazado del terreno para la casa, a unos 15 kilómetros de Savannah. El 11 de febrero incorporó a cuatro huérfanos más, y salió en dirección a Frederica[18] a fin de traer a los huérfanos que se encontraban en el sur de la colonia. A su retorno organizó una escuela, tanto para niños como para adultos, en Darien,[19] y de allí tomó cuatro huérfanos. El 25 de marzo colocó la primera piedra del orfanatorio al cual, con gran propiedad, dio el nombre de Betesda.[20] Es una obra por la cual niños aún no nacidos alabarán al Señor. Tenía ahora unos cuarenta huérfanos, así que había cerca de cien bocas para alimentar a diario. Pero no estaba para nada afanoso,[21] confiando su cuidado a quien dasu…mantenimiento a los hijos de los cuervos que claman.[22]

14.       En abril hizo otra gira por Pennsylvania, las Jerseys y Nueva York. Multitudes increíbles se congregaban para escucharlo, entre las cuales había abundancia de negros. En todos los lugares la mayoría de los oyentes eran afectados a un grado sorprendente. Muchos fueron profundamente convenci­dos de su estado de perdición; muchos se convirtieron verdaderamente a Dios. En algunos lugares miles de personas clamaban en voz alta; muchos como en agonía de muerte; muchos bañados en lágrimas; algunos pálidos como de muerte; otros retorciendo sus manos; otros echándose al suelo; otros hundiéndose en los brazos de sus amigos; casi todos levantan­do los ojos y pidiendo misericordia.

15.       Retornó a Savannah el 5 de junio. Durante el servicio público de la noche siguiente, la congregación entera, jóvenes y viejos, se deshacían en lágrimas. Luego del servicio varios de los feligreses, y todas sus familias, particularmente los niños, regresaron a sus hogares llorando por las calles, y algunos no podían menos que orar en voz alta. Los gemidos y el llanto de los niños continuaron toda la noche así como gran parte del día siguiente.

16.       En agosto viajó de nuevo, y llegó a Boston luego de atravesar varias provincias. Mientras estuvo allí y en los lugares vecinos, tenía el cuerpo extremadamente debilitado. No obstante, las multitudes de oyentes eran tan grandes, y los efectos producidos en ellos tan sorprendentes, como nunca antes habían visto las personas más viejas del pueblo. El mismo poder le acompañó en su predicación en Nueva York, particularmente el domingo 2 de noviembre. Casi tan pronto como comenzó, se escuchaban quejidos, llantos y lamentos por todas partes. Muchos se arrojaron al piso, dolidos de corazón; y muchos fueron llenos de consolación divina. Hacia el fin de su viaje hizo esta reflexión: “Hace setenta y cinco días desde que arribé a Rhode Island, con el cuerpo muy débil. Sin embargo Dios me ha permitido predicar en público ciento setenta y cinco veces, además de exhortar frecuentemente en privado. Nunca Dios me concedió mayor consuelo. Jamás realicé mis viajes con menos fatiga, o vital continuidad de la presencia divina en las congregaciones a las cuales prediqué”.[23] En diciembre regresó a Savannah y en marzo siguiente arribó a Inglaterra.

17.       Ustedes pueden observar fácilmente que el relato precedente está extraído de su Diario el cual, por su sencillez y simplicidad sin afectación, puede competir con otros de su clase. ¡Cuán veraz muestra resulta de sus labores en Europa y en América para la honra de su amado Maestro durante los treinta años que siguieron! ¡Así como de la interrumpida lluvia de bendiciones con las que a Dios le plugo dar éxito a su ministerio! Hay que lamentar que algo le impidió continuar este relato hasta cerca del tiempo en que fue llamado por su Señor para gozar del fruto de sus labores. Si él ha dejado cualquier escrito de esta clase, y sus amigos me consideran digno de ese honor, sería mi gozo y orgullo sistematizarlo, transcribirlo y prepáralo para su publicación.

18.       Un relato particular de los últimos momentos de su vida es dado por un caballero de Boston:

Luego de estar alrededor de un mes con noso­tros en Boston y en pueblos vecinos, y predi­cando cada día, se dirigió a Vieja York[24] y predicó allí el viernes. El sábado a la mañana se fue a Boston, pero antes llegó a Newbury,[25] donde se lo había comprometido para predicar a la mañana siguiente (en verdad, había sido importunado a predicar). No siendo la casa lo bastante grande para contener a la gente, predi­có en un campo abierto. Pero habiendo estado enfermo por varias semanas, estaba tan exte­nuado que cuando vino a Newbury no podía salir del barco sino con la ayuda de dos hom­bres. No obstante, por la noche recobró su ánimo y apareció con su habitual alegría. Fue a su habitación a las nueve, su horario fijo, del cual ninguna compañía podría desviarlo, y durmió mejor de lo que lo había hecho por va­rías semanas. El 30 de septiembre se levantó a las cuatro de la mañana, fue a su lavatorio; y su compañero de cuarto observó en privado que era inusualmente alto. Dejó su lavatorio, retor­nó a su cuarto, se tiró sobre la cama, y descan­só unos diez minutos. Entonces se arrodilló, y oró con fervor a Dios que si fuera compatible con su voluntad él podría concluir ese día con la obra de su Maestro. Entonces solicitó a su compañero que llamara al Sr. Parsons,[26] el clé­rigo en cuya casa se hospedaba; pero en un mi­nuto, y antes de que el Sr. Parsons arribara, fa­lleció sin un suspiro o gemido. A la noticia de su muerte, seis caballeros partieron hacia Newbury a fin de traer sus restos acá, pero no pudo ser movido, así que sus preciosas cenizas deben permanecer en Newbury. Centenares de personas podrían haber ido desde esta ciudad para asistir a su funeral si no hubieran tenido la expectativa de que él habría sido enterrado aquí… ¡Que este golpe pueda ser santificado para la iglesia de Dios en general, y para esta provincia en particular![27]

II. 1.     En segundo lugar, veamos algunos aspectos de su carácter. Un breve esquema de esto fue pronto publicado en el Boston Gazzete, un resumen del cual se adjunta:

Poco puede decirse de él, que todo amigo de un cristianismo vital y que haya estado bajo su ministerio, no lo haya atestiguado. En su obra pública por muchos años sorprendió al mundo con su elocuencia y devoción. ¡Con qué apa­sionante devoción persuadió al pecador impeni­tente a abrazar la práctica de la piedad y la vir­tud! Lleno del espíritu de gracia, habló desde el corazón y con celo ardiente acaso inigualado desde los días de los apóstoles, engalanó las verdades que comunicaba con agraciado encan­to de retórica y oratoria. Desde el púlpito fue incomparable en el dominio de auditorios cada vez más multitudinarios. Ni fue menos agrada­ble e instructivo en sus conversaciones priva­das: afortunado en su destacada facilidad para dirigir la palabra, deseoso de comunicarse, es­merado en edificar. ¡Que la naciente generación atrape una chispa de aquella llama que resplan­deció con tal distinguido brillo en el espíritu y práctica de este fiel siervo de Dios altísimo![28]

2.             Una nota más particular e igualmente justa sobre él, ha aparecido en uno de los periódicos ingleses. Puede que no sea desagradable para ustedes agregar también la sustancia de éste:

El carácter de esta persona realmente piadosa debe quedar profundamente grabado en el co­razón de todo amigo de la religión vital. A pe­sar de una débil y delicada constitución física continuó hasta el último día predicando con una frecuencia y un fervor que parecían exce­der la fortaleza natural del más robusto. Ha­biendo sido llamado al ejercicio de esta función a una edad temprana, cuando los jóvenes ape­nas están comenzando a capacitarse para ello, no tuvo tiempo para realizar un progreso con­siderable en los lenguajes eruditos. Pero este defecto fue suplido por un genio dinámico y fértil, por un celo ferviente, y por una vigorosa y muy persuasiva predicación. Y aun cuando desde el púlpito fue necesario por el temor del Señor persuadir a las gentes,[29] no tenía nada sombrío en su temperamento, siendo una per­sona singularmente alegre, así como caritativa y de tierno corazón. A la vez estaba presto a ali­gerar sus necesidades corporales y espirituales. También debe observarse que constantemente insistía ante su audiencia en todo deber moral, y en especial en la laboriosidad en sus diferen­tes profesiones y obediencia a sus superiores. Por los esfuerzos extraordinarios de su predi­cación, en diferentes lugares, y aun a campo abierto, procuró elevar a la gente de clase más baja, del último grado de desatención e igno­rancia a la comprensión de la religión. Por ésta y sus otras obras, el nombre de Jorge White­field será largamente recordado con estima y veneración.[30]

3.             Se puede ver inmediatamente que, hasta donde llegan, ambos relatos son justos e imparciales. Pero apenas van más allá de lo externo de su carácter. Muestran al predicador, pero no al ser humano, al cristiano, al santo de Dios. ¿Me permitirían, bajo mi responsabilidad, agregar algo más a partir de un conocimiento personal de casi cuarenta años En verdad, soy consciente de cuán difícil es hablar de un tema tan delicado, y la prudencia que se requiere, para no decir ni poco ni mucho. Mejor dicho, sé que es completamente difícil expresar poco o mucho, sin incurrir para algunos en un tipo de censura sobre lo uno o lo otro. Algunos pensarán seriamente que se dice muy poco, y otros que es demasiado. Mas sin preocuparme por ello hablaré sólo de lo que sé, delante de aquél a quien todos debemos rendir cuenta.

4.             Ya se ha hecho mención de su celo incomparable, su actividad infatigable, su ternura de corazón para con los afligidos, y de su caridad hacia el pobre. Pero, de la misma manera ¿no deberíamos mencionar su profunda gratitud a todos quienes Dios ha usado como instrumento para su bien ¿Aquellos de quienes no cesó de hablar de la manera más respetuosa, hasta el día de su muerte ¿No deberíamos mencionar que tenía un corazón susceptible de la amistad más generosa y tierna Con frecuencia he pensado que ésta, entre todas las demás, fue la parte distintiva de su carácter. ¡Cuán pocos hemos conocido de un temperamento tan amable, de un afecto tan grande y fluido! ¿No fue fundamentalmente por esto que los corazones de otros fueron extrañamente atraídos y aunados a él ¿Puede alguna otra cosa que no sea el amor engendrar amor Esto resplandecía en su propio semblante, y continuamente exhalaba en todas sus palabras, fuera en público o en privado. ¿Acaso no fue esto lo que, rápido y penetrante como un relámpago, fluía de corazón a corazón ¿Qué fue lo que les dio vida a sus sermones Ustedes son testigos.

5.             Pero dejando fuera las viles tergiversaciones de gente de mentes corruptas, que no saben de otro amor que no sea el terrenal y sensual,[31] al mismo tiempo debemos recordar que fue dotado de la más agradable e intachable modestia. Su oficio le llevaba a conversar muy frecuente y extensamente con mujeres así como con hombres; y de toda edad y condición. Mas toda su conducta hacia ellos fue un comentario práctico de aquel consejo de San Pablo a Timoteo,Exhorta… a las ancianas como a madres; a las jovencitas, como hermanas, con toda pureza.[32]

6.             Entretanto, ¡cuán propia de la cordialidad de su espíritu fue la franqueza y sinceridad de su conversación! Aunque estaba tan lejos de la rudeza por una parte, como de la astucia y la simulación por otra. ¿No fue esta instantánea franqueza un fruto y una prueba de su coraje e intrepidez Armado con ellos, no temió frente al rostro de los demás, sino que usó de mucha franqueza[33] con personas de cualquier clase y condición, alta y baja, rica y pobre; procurando sólo la manifestación de la verdad, encomendándose a sí mismo a toda conciencia humana delante de Dios.[34]

7.             No tuvo temor de dolores y trabajos, ni tampoco de lo que pudiera hacerle el hombre,[35] siendo igualmente “Paciente en sobrellevar el mal, y haciendo el bien.”[36] Y esto se mostró en la constancia con que prosiguió todo lo que emprendió por causa de su Maestro. Consideren un ejemplo entre todos, el orfanatorio de Georgia, que comenzó y concluyó a pesar de toda oposición. En verdad, en todo aquello que tuviera que ver con él mismo, fue dúctil y flexible, dispuesto a ser conciliador,37 fácil para ser ya convencido ya persuadido. Pero fue inconmovible en las cosas de Dios, o donde estuviera vinculada su conciencia. Nadie podría persuadirlo, y mucho menos asustarlo, para cambiar el mínimo punto de aquella integridad que fue inseparable de todo su carácter, y que regulaba todas sus palabras y acciones. En esto “Persistió fuerte como pilar de hierro y sólido como muralla de bronce”.[37]

8.         Si se preguntara cuál era la base de su integridad, o de su sinceridad, coraje, paciencia, y toda otra cualidad amable y valiosa, es fácil dar la respuesta. No fue la excelencia de su temperamento natural; ni el vigor de su inteligencia. No fue la solidez de la educación; no, ni el consejo de sus amigos. No fue otra cosa que la fe en Cristo sufriente: fe en el poder de Dios.[38] Fue una esperanza viva de una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible.[39] Fue el amor de Dios… derramado en su corazón por el Espíritu Santo que le fue dado,[40] lo que llenó su alma con un amor tierno y desinteresado[41] hacia toda criatura humana. De esta fuente surgió aquel torrente de elocuencia que, con frecuencia, removió todo lo que estuviera enfrente; de aquí aquella sorprendente fuerza de persuasión, que los pecadores más empedernidos no podían resistir. Esto fue lo que frecuentemente hizo su cabeza como aguas y sus ojos fuentes de lágrimas.[42] Esto fue lo que le permitió derramar su corazón en oración de una manera que le era peculiar, con tal unidad de plenitud y fluidez, con tal fuerza y variedad tanto de sentimiento como de expresión.

9.             Puedo concluir esta parte destacando ¡qué honor agradó a Dios conceder a su fiel siervo permitiéndole proclamar su evangelio eterno en tal variedad de países, a tal número de personas y con tan grande efecto en tantas de sus preciosas almas! ¿Hemos leído u oído de alguna otra persona que, desde los tiempos apostólicos, testificara del evangelio de la gracia de Dios a través de un espacio tan amplio y extendido, por una parte tan grande del mundo habitado ¿Hemos leído o escuchado de alguna persona que llamara a tantos miles, a tal miríada de pecadores, a arrepentimiento ¿Sobre todo, hemos leído u oído de otro que haya sido un bendecido instrumento de su mano para llevar tantos pecadoresde las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios[43] Es verdad que si fuéramos a hablar así al alborozado mundo seríamos juzgados como extraños.[44] Pero ustedes entienden el lenguaje del país al que van, donde nuestro amigo se fue un poco antes que nosotros.

III.           Mas ¿cómo superaremos esta terrible situación Este es el tercer asunto que tenemos que considerar. La respuesta a esta importante cuestión es sencilla (¡quiera Dios escribirla en todos nuestros corazones!) observando de cerca las grandes doctrinas que expuso y tomando de su espíritu.

1.             Primero, entonces, observemos las grandes doctrinas bíblicas que predicó por todas partes. Hay muchas doctrinas de una naturaleza menos esencial, sobre las cuales aun los sinceros hijos de Dios (¡tal es la presente debilidad del entendimiento humano!) están y han estado divididos por muchísimo tiempo. Con respecto a ellas, podemos pensar y dejar pensar; podemos consentir en disentir. Pero, entretanto, mantengamos firmes los fundamentos de la fe que ha sido una vez dada a los santos,[45] en la cual este paladín de Dios insistió tan fuertemente en todo tiempo y en todo lugar.

2.             Este punto fundamental fue: dar a Dios toda la gloria de todo aquello que es bueno en el ser humano. Y en la empresa de la salvación, poner a Cristo tan alto y al ser humano tan bajo como fuera posible. Con este punto él y sus amigos de Oxford, los metodistas originales (así llamados), se pusieron en camino. Su gran principio fue: no hay poder ni mérito por naturaleza en el ser humano. Insistieron que todo poder para pensar, hablar, o actuar correctamente es en y desde el Espíritu de Cristo; y todo mérito está, no en el ser humano, no importa cuán superior sea en gracia, sino meramente en la sangre de Cristo. Así que él y ellos enseñaron: no hay poder en el ser humano, hasta que le sea dado desde lo alto, hacer una buena obra, decir una buena palabra, o concebir un buen deseo. Porque no es suficiente decir que todos los seres humanos están enfermos de pecado. No, todos estamos muertos en nuestros delitos y pecados.[46]De ello se deriva que todos los hijos de los hombres son por naturaleza hijos de la ira.[47] Todos estamos bajo el juicio de Dios,[48] condenados a muerte, tanto temporal como eterna.

3.             Así que todos estamos indefensos, tanto respecto al poder como a la culpa del pecado. Porque, ¿quién hará limpio a lo inmundo[49] Nada menos que el Todopoderoso. ¿Quién puede levantar a los que están muertos, espiritualmente muertos en pecado Nadie, sino aquél que nos levantó del polvo de la tierra. Mas ¿sobre qué consideración hará esto No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho.[50] No alabarán los muertos al Señor.[51] Ni hacen nada por motivo de lo cual deberían ser levantados a la vida. Por tanto, cualquiera cosa que hace Dios, la hace sólo por causa de su Hijo amado: él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados.[52] Llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero.[53] El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.[54] Esta es, entonces, la única causa meritoria de toda bendición que hacemos o podemos gozar; en particular de nuestro perdón y aceptación de Dios, de nuestra plena y libre justificación.[55] Mas, ¿por qué medios llegamos a interesarnos en lo que Cristo ha hecho y sufrido No por obras, para que nadie se gloríe,[56] sino sólo por la fe.Concluimos, dice el apóstol, que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley.[57] Así que, a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.[58]

4.             Por tanto, el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.[59] Mas todos los que así son nacidos del Espíritu[60] tienen el Reino de Dios entre ellos.[61] Cristo establece su reino en sus corazones: justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo;[62] aquel sentir que hubo también en Cristo Jesús,[63] habilitándolos a andar como él anduvo.[64] El Espíritu que en ellos mora los hace santos en el corazón y santos en toda su manera de vivir.[65] Pero aun considerando que todo esto es una libre dádiva por medio de la justificación y la sangre de Cristo, existe la misma razón para recordar perpetuamente que, El que se gloría, gloríese en el Señor.[66]

5.             Ustedes no ignoran que éstas eran las doctrinas fundamentales sobre las que insistió en todas partes. Y, ¿acaso no podrían resumirse en dos términos: el nuevo nacimiento y la justificación por la fe Perseveremos en ellos con todo vigor, en todo tiempo y en todo lugar; en público (aquellos de nosotros que estamos llamados a ello) y en privado, en todas las oportunidades. Observen estrechamente estas doctrinas buenas, viejas, fuera de moda, ante cualquier persona que las contradiga y blasfeme. Firmes, mis hermanos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza;[67] con todo cuidado y diligencia salvaguarden lo que se les ha encomendado;[68] sabiendo que el cielo y la tierra pasarán; pero esta verdad no pasará.[69]

6.             ¿Pero será suficiente apegarse a estas doctrinas, con la pureza que puedan tener ¿Acaso no hay un asunto de mayor importancia que éste, es decir, beber de su espíritu Ser en esto imitador de él, así como él lo fue de Cristo.[70] Sin esto la pureza de nuestras doctrinas sólo aumentará nuestra condenación. Por tanto, ésta es la cuestión principal, ser seguidores de su espíritu. Mas permitiéndonos que en algunos puntos debamos conformarnos a admirar lo que no podemos imitar; no obstante en muchos otros podremos, por medio de la misma libre gracia, ser partícipes de igual bendición. Conscien­te entonces de tus propias carencias, y de su abundante amor que da a todos abundantemente y sin reproche,[71] clama a aquél que realizó todo en todos por una medida de la misma preciosa fe; del mismo celo y actividad, la misma ternura de corazón, caridad y entrañable misericordia.[72] Pugna con Dios para lograr algún grado semejante de gratitud, amistad, amabilidad de temperamento; de la misma apertura, sencillez y piadosa sinceridad, de amor sin fingimiento.[73] Sigue luchando, hasta que el poder de lo alto opere en ti la misma firmeza de coraje y paciencia; y sobre todo, dado que es la corona de todo, la misma invariable integridad.

7.             ¿Hay algún otro fruto de la gracia de Dios del cual él fue dotado de manera eminente, y cuya carencia entre los hijos de Dios se lamentara frecuente y apasionadamente Existe uno, esto es, un amor católico: aquel afecto sincero y tierno que es debido para con todos aquellos de quienes hay razones para creer que son hijos de Dios por la fe; en otras palabras, todos aquellos de cualquier credo que temen a Dios y hacen obras de justicia.[74] Anhelaba ver en todo aquel que hubiera gustado de la buena palabra[75] un verdadero espíritu católico -término poco comprendido y menos experimentado aun por muchos que lo tienen con frecuencia en sus labios. ¿Quién es el que responde a este carácter ¿Quién es una persona de un espíritu católico[76] Quien ama como amigo, como hermano en el Señor, como partícipe solidario del presente reino de los cielos y coheredero de su reino eterno, a toda persona, de cualquier opinión, modo de adoración, o congregación, que cree en el Señor Jesús; que ama a Dios y a los seres humanos; que, gozándose en agradar a Dios y temiendo ofenderle, es cuidadosa en abstenerse del mal, y celosa de buenas obras.[77] Así es una persona de un verdadero espíritu católico, que lleva esto continuamente en su corazón; la que teniendo una indecible ternura por sus personas, y un vivo deseo por su bienestar, no cesa de encomendarlas a Dios en oración, así como de defender sus causas delante de los seres humanos; que les habla con comodidad, y que en todo su decir trabaja para fortalecer sus manos en Dios. Las ayuda hasta lo último de sus fuerzas en todas las cosas, espirituales y temporales. Que está pronta a gastar y gastarse[78] por ellas; en efecto que ponga su vida por sus amigos.[79]

8.         ¡Qué afable es un carácter así! ¡Cuán deseable para toda criatura de Dios! ¿Pero por qué es tan difícil hallarlo ¿Por qué es que hay tan pocas oportunidades de ello En verdad, suponiendo que hemos gustado del amor de Dios, ¿cómo puede cualquiera de nosotros descansar hasta que ello sea nuestro propio carácter Porque existe un delicado ingenio por el cual Satanás persuade a millares que es posible no tener este espíritu, y no obstante estar libre de culpa. Esperemos que muchos aquí presentes no estén en este lazo del diablo..cautivos a voluntad de él.[80] “Oh, sí”, dice alguien, “tengo este amor por los que creo ser hijos de Dios. ¡Pero nunca creeré que es un hijo de Dios quien pertenece a aquella detestable congregación! ¿Piensan ustedes que ése puede ser hijo de Dios sosteniendo tan detestables opiniones ¿O aquél que se une en un culto tan sin sentido y supersticioso, acaso idolátrico” ¡Así que nos autojustificamos por un pecado añadiéndole otro! ¡Justificamos nuestra carencia de amor echándole la culpa al otro! Para colorear nuestro endemoniado temperamento declaramos a nuestros hermanos hijos del diablo. ¡Seamos conscientes de esto! Y si ustedes ya están cautivos en el lazo, escápense de él lo más pronto posible. Vayan y aprendan que el verdadero amor católico, que no esprecipitado ni impaciente en juzgar; aquel amor que no guarda rencor, que todo lo cree, todo lo espera;[81] que tiene toda la tolerancia que quisiéramos que otros tuvieran con nosotros. Entonces tendremos conocimiento de la gracia de Dios que está en todo ser humano, cualquiera sea su opinión o modo de adoración. Entonces todos los que temen a Dios serán amados y próximos a nosotros por el entrañable amor de Jesucristo.[82]

9.         ¿No fue éste, acaso, el espíritu de nuestro amigo ¿Por qué no podría ser el nuestro Oh Dios de amor, ¿hasta cuándo tu pueblo será el escarnio entre las naciones[83] ¿Hasta cuándo se reirán burlándose de nosotros y dirán: Vean cómo se aman estos cristianos unos a otros[84] ¿Cuándo quitarás el oprobio de nosotros[85] ¿Nos consumirá la espada perpetua­mente ¿Hasta cuándo no dirás al pueblo que se vuelva de perseguir a sus hermanos ¡Ahora, al menos, permite que todo el pueblo se detenga y no persiga más a sus hermanos![86] ¡Pero cualquier cosa que otros hagan, todos nosotros, mis hermanos, escuchemos la voz de aquél que estando muerto aún habla![87] Imagínenle diciéndoles: “Ahora al menos sed seguidores de mi, así como yo de Cristo.[88] ¡Hermanos, no alcemos espada contra hermanos, ni se adiestren más para la guerra![89] Antes bien, vestíos… como escogidos de Dios.., de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia, soportándoos unos a otros en amor.[90] Que el tiempo pasado sea suficiente para el desacuer­do, la envidia y la contienda, para morderse y comerse unos a otros.[91] Bendito sea Dios que no se hayan consumidos unos a otros.[92] De hoy en más sean solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.[93]

10.       ¡Oh Dios, contigo no hay obra[94] imposible: tú haces cuanto es de tu agrado! ¡Oh Dios que haces que el manto de tu profeta a quien te has llevado ahora caiga y permanezca sobre nosotros! ¿Dónde está el Señor, el Dios de Leías[95]¡Permite que su espíritu repose sobre éstos tus siervos! ¡Muestra que eres el Dios que responde con fuego! ¡Deja que el fuego de tu corazón se derrame en cada corazón! Y porque te amamos, amémonos unos a otros con un amor más fuerte que la muerte[96] ¡Quítanos todo enojo, ira y amargura; toda queja y maledicencia![97] ¡Haz que tu Espíritu repose sobre nosotros y que desde esta hora seamos benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándonos unos a otros, como Dios también nos perdonó a nosotros en Cristo![98]

Himno

¡Bien hecho, siervo de Dios!

Tu glorioso combate terminó

Peleada la lid, ganada la carrera.

Estás coronado al fin.

De los deseos de tu corazón,

Fuiste triunfal vencedor.

Alojado por el coro pastoral

En el corazón de tu Redentor.

II

Su benevolente misericordia

Tu incesante plegaria oyó

Y repentinamente te llevó

A tu recompensa plena.

Cuando el amor libró tu alma

y te cautivó para servir a Dios

Tus pies fueron calzados

Prestos para llevar la paz.

III

Con los santos de lo alto

A tu Salvador pregonas

¡Y clamas salvación a Dios,

Salvación al Cordero!

¡Oh bendita y feliz alma!

En éxtasis de alabanza

Dilatada como las edades

Contemplas la faz del Señor.

IV

Libre del mundo y del dolor,

Oh, cuándo seremos elevados

Para todos reinar con Jesús

Junto al amigo que ha partido!

¡Ven, Señor, ven pronto!

Y siendo consumados en ti;

Recibe a tus anhelantes siervos

en tu lar para triunfar a tus pies![99]

 

 

 


 

[1] Cf. Job 3.17.

 

[2] Cf. 1 Co. 4.15.

 

[3] He. 13.7-8

 

[4] El 16 de diciembre.

 

[5] Jn.3.7.

 

[6] 1 Co. 2.2.

 

[7] Ro. 8.15.

 

[8] Cf Mt. 3.17; 17.5; 2 P. 1.17.

 

[9] 20de junio.

 

[10] Thomas Broughton (1712-77) sacerdote de la Torre de Londres, quien había estado activo en el Club Santo.

 

[11] Cf. Judas 20.

 

[12] Supliendo la ausencia de Charles Kinchin (1711-42), otro metodista de Oxford.

 

[13] Cf. Le. 10.37.

 

[14] El título de “General” es una referencia retrospectiva. James Edward Oglethorpe (1696-1785) fue uno de los principales promotores y defensores de la colonia de Georgia. Su promoción a brigadier general no llegó sino en 1743.

 

[15] 15 Cf George Whitefield’s Journals, ed. Iain Murray (Londres, Banner of Truth Trust, 1960), p. 149.

 

[16] Cf 2 Ti. 4.5.

 

[17] Por causa de la tensa situación en las Indias Occidentales que condujo a una guerra abierta (19 de octubre de 1739) entre Inglaterra y las potencias borbónicas.

 

[18] En la isla de San Simón, donde Carlos Wesley había servido brevemente como ministro.

 

[19] Un asentamiento de montañeses procedentes de Escocia, sobre la boca del río Altamaha, a 120 kilómetros al sudoeste de Savannah.

 

[20] Véase Jn. 5.2.

 

[21] Cf Fil. 4.6.

 

[22] Sal. 147.9.

 

[23] Cf. G. Whitefield, Journals, pág. 499.

 

[24] Ahora conocida como York Village, en el estado de Maine.

 

[25] Newburyport en Massachusetts.

 

[26] Jonathan Parsons (1705-75), ministro de una Iglesia en Newburyport.

 

[27] Probablemente Wesley cita una carta que le había llegado desde Boston.

 

[28] Resumido de un editorial de The Massachusetts Gazette, and Boston Post Boy and The Advertizer, N° 684 (Lunes, 1 de octubre de 1770) pág. 3. La noticia misma había sido dada en el mismo periódico el día anterior.

 

[29] Cf. 2 Co. 5.11.

 

[30] Resumen del periódico The London Evening Post, del 10 de noviembre de 1770 (N° 1607) pág. 4.

 

[31] Cf. Stg. 3.15.

 

[32] 1 Ti. 5.1-2.

 

[33] 2Co. 3.12.

 

[34] 2 Co. 4.2.

 

[35] He. 13.6.

 

[36] Cita de un poema de Samuel Wesley.

 

[37] Cf. Stg. 3.17.

 

[38] Juan y Carlos Wesley, Hymns and Sacred Poems (1739), p. 203.

 

[39] Co1. 2.12.

 

[40] 1 P. 1.3-4.

 

[41] Ro. 5.5.

 

[42] Jer. 9.1.

 

[43] Hch. 26.18.

 

[44] 1 Co. 14.11.

 

[45] Jud. 3.

 

[46] Ef 2.1.

 

[47] Ef. 2.3.

 

[48] Ro. 3.19.

 

[49] Job 14.4.

 

[50] Tit. 3.5.

 

[51] Cf Sal. 115.17; 88.10.

 

[52] Is. 53.5.

 

[53] 1 P. 2.24.

 

[54] Ro. 4.25.

 

[55] Este conflicto entre las causas “meritoria” y “formal” de la justificación fue uno de los temas controversiales entre Wesley y los calvinistas, incluyendo a Whitefield.

 

[56] Ef 2.9.

 

[57] Ro. 3.28

 

[58] Jn. 1.12-13.

 

[59] Jn.3.3.

 

[60] Jn3.5.

 

[61] Lc 17.21.

 

[62] Ro. 14.17.

 

[63] Fil 2.5.

 

[64] 1 Jn. 2.6.

 

[65] 1 P. 1.15.

 

[66] 1 Co. l.31; 2Co. 10.17.

 

[67] Ef 6.10.

 

[68] Cf 1 Ti. 6.20.

 

[69] Mt. 24.35, etc.

 

[70] Cf 1 Co. 11.1.

 

[71] Stg. 1.5.

 

[72] Cf. Col. 3.12.

 

[73] Ro. 12.9.

 

[74] Cf Sal. l5.2; Ec. 12.13.

 

[75] He. 6.5.

 

[76] Véase el sermón N°39.

 

[77] Tit. 2.14.

 

[78] Cf.2Co. 12.15.

 

[79] Cf. Jn. 15.13; 1 Jn. 3.16.

 

[80] Ti. 2.26.

 

[81] Cf. 1 Co. 13.4, 5, 7.

 

[82] Fil. 1.8.

 

[83] Sal. 44.14.

 

[84] Tertuliano Apología, 39.7.

 

[85] Véase Jos. 5.9.

 

[86] Cf 2 Sa. 2.26,28.

 

[87] He. 11.4.

 

[88] 1 Co. 11.1.

 

[89] Is. 2.4; Mi. 4.3.

 

[90] Col. 3.12-13.

 

[91] Gá. 5.15.

 

[92] Ibid.

 

[93] Ef 4.3.

 

[94] Todas las ediciones impresas dicen “word” (palabra). Pero se trata de un error. El texto debería decir “work” (obra).

 

[95] 2 R. 2.14.

 

[96] Cnt.8.6.

 

[97] Ef 4.31.

 

[98] Ef 4.32.

 

[99] De Carlos Wesley, en The Poetical Works, (VI, 3 16-7). Probablemente este himno fue pronunciado durante el sermón.

 

fuente:

http://wesley.nnu.edu/espanol/sermones-de-wesley-tomo-iii-juan-wesley/sermon-53-a-la-muerte-de-jorge-whitefield/

LAS 95 TESIS DE MARTÍN LUTERO

LAS 95 TESIS DE MARTÍN LUTERO

Wittenberg, 31 de octubre de 1517

Disputación acerca de la determinación del valor de las indulgencias

Por amor a la verdad y en el afán de sacarla a luz, se discutirán en Wittenberg las siguientes proposiciones bajo la presidencia del R. P. Martín Lutero, Maestro en Artes y en Sagrada Escritura y Profesor Ordinario de esta última disciplina en esa localidad. Por tal razón, ruega que los que no puedan estar presentes y debatir oralmente con nosotros, lo hagan, aunque ausentes, por escrito. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

1-Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: “Haced penitencia…”, ha querido que toda la vida de los creyentes fuera penitencia.

2-Este término no puede entenderse en el sentido de la penitencia sacramental (es decir, de aquella relacionada con la confesión y satisfacción) que se celebra por el ministerio de los sacerdotes.

3-Sin embargo, el vocablo no apunta solamente a una penitencia interior; antes bien, una penitencia interna es nula si no obra exteriormente diversas mortificaciones de la carne.

4-En consecuencia, subsiste la pena mientras perdura el odio al propio yo (es decir, la verdadera penitencia interior), lo que significa que ella continúa hasta la entrada en el reino de los cielos.

5-El Papa no quiere ni puede remitir culpa alguna, salvo aquella que él ha impuesto, sea por su arbitrio, sea por conformidad a los cánones.

6-El Papa no puede remitir culpa alguna, sino declarando y testimoniando que ha sido remitida por Dios, o remitiéndola con certeza en los casos que se ha reservado. Si éstos fuesen menospreciados, la culpa subsistirá íntegramente.

7-De ningún modo Dios remite la culpa a nadie, sin que al mismo tiempo lo humille y lo someta en todas las cosas al sacerdote, su vicario.

8-Los cánones penitenciales han sido impuestos únicamente a los vivientes y nada debe ser impuesto a los moribundos basándose en los cánones.

9-Por ello, el Espíritu Santo nos beneficia en la persona del Papa, quien en sus decretos siempre hace una excepción en caso de muerte y de necesidad.

10-Mal y torpemente proceden los sacerdotes que reservan a los moribundos penas canónicas en el purgatorio.

11-Esta cizaña, cual la de transformar la pena canónica en pena para el purgatorio, parece por cierto haber sido sembrada mientras los obispos dormían.

12-Antiguamente las penas canónicas no se imponían después sino antes de la absolución, como prueba de la verdadera contrición.

13-Los moribundos son absueltos de todas sus culpas a causa de la muerte y ya son muertos para las leyes canónicas, quedando de derecho exentos de ellas.

14-Una pureza o caridad imperfectas traen consigo para el moribundo, necesariamente, gran miedo; el cual es tanto mayor cuanto menor sean aquéllas.

15-Este temor y horror son suficientes por sí solos (por no hablar de otras cosas) para constituir la pena del purgatorio, puesto que están muy cerca del horror de la desesperación.

16-Al parecer, el infierno, el purgatorio y el cielo difieren entre sí como la desesperación, la cuasi desesperación y al seguridad de la salvación.

17-Parece necesario para las almas del purgatorio que a medida que disminuya el horror, aumente la caridad.

18-Y no parece probado, sea por la razón o por las Escrituras, que estas almas estén excluidas del estado de mérito o del crecimiento en la caridad.

19-Y tampoco parece probado que las almas en el purgatorio, al menos en su totalidad, tengan plena certeza de su bienaventuranza ni aún en el caso de que nosotros podamos estar completamente seguros de ello.

20-Por tanto, cuando el Papa habla de remisión plenaria de todas las penas, significa simplemente el perdón de todas ellas, sino solamente el de aquellas que él mismo impuso.

21-En consecuencia, yerran aquellos predicadores de indulgencias que afirman que el hombre es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las indulgencias del Papa.

22-De modo que el Papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los cánones, ellas debían haber pagado en esta vida.

23-Si a alguien se le puede conceder en todo sentido una remisión de todas las penas, es seguro que ello solamente puede otorgarse a los más perfectos, es decir, muy pocos.

24-Por esta razón, la mayor parte de la gente es necesariamente engañada por esa indiscriminada y jactanciosa promesa de la liberación de las penas.

25-El poder que el Papa tiene universalmente sobre el purgatorio, cualquier obispo o cura lo posee en particular sobre su diócesis o parroquia.

26-Muy bien procede el Papa al dar la remisión a las almas del purgatorio, no en virtud del poder de las llaves (que no posee), sino por vía de la intercesión.

27-Mera doctrina humana predican aquellos que aseveran que tan pronto suena la moneda que se echa en la caja, el alma sale volando.

28-Cierto es que, cuando al tintinear, la moneda cae en la caja, el lucro y la avaricia pueden ir en aumento, más la intercesión de la Iglesia depende sólo de la voluntad de Dios.

29-¿Quién sabe, acaso, si todas las almas del purgatorio desean ser redimidas? Hay que recordar lo que, según la leyenda, aconteció con San Severino y San Pascual.

30-Nadie está seguro de la sinceridad de su propia contrición y mucho menos de que haya obtenido la remisión plenaria.

31-Cuán raro es el hombre verdaderamente penitente, tan raro como el que en verdad adquiere indulgencias; es decir, que el tal es rarísimo.

32-Serán eternamente condenados junto con sus maestros, aquellos que crean estar seguros de su salvación mediante una carta de indulgencias.

33-Hemos de cuidarnos mucho de aquellos que afirman que las indulgencias del Papa son el inestimable don divino por el cual el hombre es reconciliado con Dios.

34-Pues aquellas gracias de perdón sólo se refieren a las penas de la satisfacción sacramental, las cuales han sido establecidas por los hombres.

35-Predican una doctrina anticristiana aquellos que enseñan que no es necesaria la contrición para los que rescatan almas o confessionalia.

36-Cualquier cristiano verdaderamente arrepentido tiene derecho a la remisión plenaria de pena y culpa, aun sin carta de indulgencias.

37-Cualquier cristiano verdadero, sea que esté vivo o muerto, tiene participación en todos lo bienes de Cristo y de la Iglesia; esta participación le ha sido concedida por Dios, aun sin cartas de indulgencias.

38-No obstante, la remisión y la participación otorgadas por el Papa no han de menospreciarse en manera alguna, porque, como ya he dicho, constituyen un anuncio de la remisión divina.

39-Es dificilísimo hasta para los teólogos más brillantes, ensalzar al mismo tiempo, ante el pueblo. La prodigalidad de las indulgencias y la verdad de la contrición.

40-La verdadera contrición busca y ama las penas, pero la profusión de las indulgencias relaja y hace que las penas sean odiadas; por lo menos, da ocasión para ello.

41-Las indulgencias apostólicas deben predicarse con cautela para que el pueblo no crea equivocadamente que deban ser preferidas a las demás buenas obras de caridad.

42-Debe enseñarse a los cristianos que no es la intención del Papa, en manera alguna, que la compra de indulgencias se compare con las obras de misericordia.

43-Hay que instruir a los cristianos que aquel que socorre al pobre o ayuda al indigente, realiza una obra mayor que si comprase indulgencias.

44-Porque la caridad crece por la obra de caridad y el hombre llega a ser mejor; en cambio, no lo es por las indulgencias, sino a lo mas, liberado de la pena.

45-Debe enseñarse a los cristianos que el que ve a un indigente y, sin prestarle atención, da su dinero para comprar indulgencias, lo que obtiene en verdad no son las indulgencias papales, sino la indignación de Dios.

46-Debe enseñarse a los cristianos que, si no son colmados de bienes superfluos, están obligados a retener lo necesario para su casa y de ningún modo derrocharlo en indulgencias.

47-Debe enseñarse a los cristianos que la compra de indulgencias queda librada a la propia voluntad y no constituye obligación.

48-Se debe enseñar a los cristianos que, al otorgar indulgencias, el Papa tanto más necesita cuanto desea una oración ferviente por su persona, antes que dinero en efectivo.

49-Hay que enseñar a los cristianos que las indulgencias papales son útiles si en ellas no ponen su confianza, pero muy nocivas si, a causa de ellas, pierden el temor de Dios.

50-Debe enseñarse a los cristianos que si el Papa conociera las exacciones de los predicadores de indulgencias, preferiría que la basílica de San Pedro se redujese a cenizas antes que construirla con la piel, la carne y los huesos de sus ovejas.

51-Debe enseñarse a los cristianos que el Papa estaría dispuesto, como es su deber, a dar de su peculio a muchísimos de aquellos a los cuales los pregoneros de indulgencias sonsacaron el dinero aun cuando para ello tuviera que vender la basílica de San Pedro, si fuera menester.

52-Vana es la confianza en la salvación por medio de una carta de indulgencias, aunque el comisario y hasta el mismo Papa pusieran su misma alma como prenda.

53-Son enemigos de Cristo y del Papa los que, para predicar indulgencias, ordenan suspender por completo la predicación de la palabra de Dios en otras iglesias.

54-Oféndese a la palabra de Dios, cuando en un mismo sermón se dedica tanto o más tiempo a las indulgencias que a ella.

55-Ha de ser la intención del Papa que si las indulgencias (que muy poco significan) se celebran con una campana, una procesión y una ceremonia, el evangelio (que es lo más importante) deba predicarse con cien campanas, cien procesiones y cien ceremonias.

56-Los tesoros de la iglesia, de donde el Papa distribuye las indulgencias, no son ni suficientemente mencionados ni conocidos entre el pueblo de Dios.

57-Que en todo caso no son temporales resulta evidente por el hecho de que muchos de los pregoneros no los derrochan, sino más bien los atesoran.

58-Tampoco son los méritos de Cristo y de los santos, porque éstos siempre obran, sin la intervención del Papa, la gracia del hombre interior y la cruz, la muerte y el infierno del hombre exterior.

59-San Lorenzo dijo que los tesoros de la iglesia eran los pobres, mas hablaba usando el término en el sentido de su época.

60-No hablamos exageradamente si afirmamos que las llaves de la iglesia (donadas por el mérito de Cristo) constituyen ese tesoro.

61-Esta claro, pues, que para la remisión de las penas y de los casos reservados, basta con la sola potestad del Papa.

62-El verdadero tesoro de la iglesia es el sacrosanto evangelio de la gloria y de la gracia de Dios.

63-Empero este tesoro es, con razón, muy odiado, puesto que hace que los primeros sean postreros.

64-En cambio, el tesoro de las indulgencias, con razón, es sumamente grato, porque hace que los postreros sean primeros.

65-Por ello, los tesoros del evangelio son redes con las cuales en otros tiempos se pescaban a hombres poseedores de bienes.

66-Los tesoros de las indulgencias son redes con las cuales ahora se pescan las riquezas de los hombres.

67-Respecto a las indulgencias que los predicadores pregonan con gracias máximas, se entiende que efectivamente lo son en cuanto proporcionan ganancias.

68-No obstante, son las gracias más pequeñas en comparación con la gracia de Dios y la piedad de la cruz.

69-Los obispos y curas están obligados a admitir con toda reverencia a los comisarios de las indulgencias apostólicas.

70-Pero tienen el deber aún más de vigilar con todos sus ojos y escuchar con todos sus oídos, para que esos hombres no prediquen sus propios ensueños en lugar de lo que el Papa les ha encomendado.

71-Quién habla contra la verdad de las indulgencias apostólicas, sea anatema y maldito.

72-Mas quien se preocupa por los excesos y demasías verbales de los predicadores de indulgencias, sea bendito.

73-Así como el Papa justamente fulmina excomunión contra los que maquinan algo, con cualquier artimaña de venta en perjuicio de las indulgencias.

74-Tanto más trata de condenar a los que bajo el pretexto de las indulgencias, intrigan en perjuicio de la caridad y la verdad.

75-Es un disparate pensar que las indulgencias del Papa sean tan eficaces como para que puedan absolver, para hablar de algo imposible, a un hombre que haya violado a la madre de Dios.

76-Decimos por el contrario, que las indulgencias papales no pueden borrar el más leve de los pecados veniales, en concierne a la culpa.

77-Afirmar que si San Pedro fuese Papa hoy, no podría conceder mayores gracias, constituye una blasfemia contra San Pedro y el Papa.

78-Sostenemos, por el contrario, que el actual Papa, como cualquier otro, dispone de mayores gracias, saber: el evangelio, las virtudes espirituales, los dones de sanidad, etc., como se dice en 1ª de Corintios 12.

79-Es blasfemia aseverar que la cruz con las armas papales llamativamente erecta, equivale a la cruz de Cristo.

80-Tendrán que rendir cuenta los obispos, curas y teólogos, al permitir que charlas tales se propongan al pueblo.

81-Esta arbitraria predicación de indulgencias hace que ni siquiera, aun para personas cultas, resulte fácil salvar el respeto que se debe al Papa, frente a las calumnias o preguntas indudablemente sutiles de los laicos.

82-Por ejemplo: ¿Por qué el Papa no vacía el purgatorio a causa de la santísima caridad y la muy apremiante necesidad de las almas, lo cual sería la más justa de todas las razones si él redime un número infinito de almas a causa del muy miserable dinero para la construcción de la basílica, lo cual es un motivo completamente insignificante?

83-Del mismo modo: ¿Por qué subsisten las misas y aniversarios por los difuntos y por qué el Papa no devuelve o permite retirar las fundaciones instituidas en beneficio de ellos, puesto que ya no es justo orar por los redimidos?

84-Del mismo modo: ¿Qué es esta nueva piedad de Dios y del Papa, según la cual conceden al impío y enemigo de Dios, por medio del dinero, redimir un alma pía y amiga de Dios, y por que no la redimen más bien, a causa de la necesidad, por gratuita caridad hacia esa misma alma pía y amada?

85-Del mismo modo: ¿Por qué los cánones penitenciales que de hecho y por el desuso desde hace tiempo están abrogados y muertos como tales, se satisfacen no obstante hasta hoy por la concesión de indulgencias, como si estuviesen en plena vigencia?

86-Del mismo modo: ¿Por qué el Papa, cuya fortuna es hoy más abundante que la de los más opulentos ricos, no construye tan sólo una basílica de San Pedro de su propio dinero, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes?

87-Del mismo modo: ¿Qué es lo que remite el Papa y qué participación concede a los que por una perfecta contrición tienen ya derecho a una remisión y participación plenarias?

88-Del mismo modo: ¿Que bien mayor podría hacerse a la iglesia si el Papa, como lo hace ahora una vez, concediese estas remisiones y participaciones cien veces por día a cualquiera de los creyentes?

89-Dado que el Papa, por medio de sus indulgencias, busca más la salvación de las almas que el dinero, ¿por qué suspende las cartas e indulgencias ya anteriormente concedidas, si son igualmente eficaces?

90-Reprimir estos sagaces argumentos de los laicos sólo por la fuerza, sin desvirtuarlos con razones, significa exponer a la Iglesia y al Papa a la burla de sus enemigos y contribuir a la desdicha de los cristianos.

91-Por tanto, si las indulgencias se predicasen según el espíritu y la intención del Papa, todas esas objeciones se resolverían con facilidad o más bien no existirían.

92-Que se vayan, pues todos aquellos profetas que dicen al pueblo de Cristo: “Paz, paz”; y no hay paz.

93-Que prosperen todos aquellos profetas que dicen al pueblo: “Cruz, cruz” y no hay cruz.

94-Es menester exhortar a los cristianos que se esfuercen por seguir a Cristo, su cabeza, a través de penas, muertes e infierno.

95-Y a confiar en que entrarán al cielo a través de muchas tribulaciones, antes que por la ilusoria seguridad de paz.

fuente:

http://www.angelfire.com/pe/jorgebravo/95_tesis.htm

Jan Hus:* El Ganso de Bohemia

 

Por William P. Farley


Photo: Courtesy of the Billy Graham Center Museum, Wheaton, ILL.

El 6 de julio de 1415, Jan Hus descendió de la plataforma de madera en la catedral de Constancia. Miles de ansiosos ojos lo seguían. Él acababa de oír un sermón basado en Romanos 6:6 “para que el cuerpo del pecado sea destruido”. Hus era el “cuerpo del pecado”. Este era el día de su condena y ejecución.

Siete obispos avanzaron y le quitaron los inmundos trapos, infestados de piojos que había llevado en la cárcel. Le pusieron limpias ropas sacerdotales. Le pusieron un cáliz de vino en la mano derecha. Luego, para simbolizar su degradación del sacerdocio, le arrancaron del cuerpo los mantos sacerdotales y le arrebataron el cáliz. Le encadenaron a la espalda las descarnadas, enjutas manos y lo llevaron a recibir el aterrador castido del día para los herejes—ser quemado en la hoguera.

Las autoridades lo protegían con soldados armados. Estaban nerviosos. Hus era muy popular entre la vasta multitud que se apiñaba en el camino que lo llevaría a su ejecución. Sus sencillos sermones predicados en el dialecto común —no en el latín usado por la mayoría de los sacerdotes— habían conmovido sus corazones de campesinos. Reconocían a primera vista la santidad y la pureza. Hasta sus enemigos más estridentes no encontraban ningún defecto en su carácter moral.

Para complicarlo todo, la mañana de su juicio (el 7 de junio) un eclipse lunar oscureció al sol por varias horas. Esto convenció más a la gente de que Dios no se agradaba con el brutal, injusto trato que las autoridades católicas romanas daban a Hus. Todos los nervios estaban de punta a medida que Hus caminaba hacia su ejecución.

El verano de 1415 fue uno de gran confusión. El cristianismo estaba dividido entre tres rivales que competían por el trono papal. Cada uno decía ser sí infalible, y cada uno usaba su poder para excomunicar y condenar a sus competidores. El emperador había convocado al Concilio de Constancia para resolver la confusión. Hus, bajo promesa de darle seguro pase, había sido invitado para que explicara sus controversiales puntos de vista sobre las enseñanzas del reformador inglés John Wyclif.

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Cuán inocente había sido Hus en confiar en la promesa del emperador. Hacía sólo 10 meses que había salido de Praga rumbo a Constancia. Su reputación de poder espiritual, santidad, y elocuencia lo había precedido. Grandes multitudes se apiñaban a los lados del camino elogiándolo. Fue festejado por las autoridades y se le pidió que predicara en la catedral de cada ciudad. Y el pueblo no se desilusionaba con el mensaje de Hus. Él daba énfasis al avivamiento moral, espiritual, y doctrinal, y protestaba contra la corrupción del clero. El pueblo, con hambre de la sencillez y del poder de la Palabra de Dios, escuchaba entusiasmado.

Poco después de su llegada a Constancia, el emperador maliciosamente no cumplió con su promesa. El día de su ejecución, Hus cojeaba con su quebrantado cuerpo extenuado por 7 semes de encierro en una subterránea celda medieval infestada de ratas. Al caer la noche el carcelero lo encadenaba a la pared de piedra de la celda. Dolores de muelas, piedras en la vesícula, fiebres y ataques de vómitos lo habían atormentado persistentemente. En una ocasión casi murió de hambre, pero el emperador le dio de comer para que las autoridades no fueran deprivadas de llevarlo a la hoguera.

Las desilusionadas multitudes lo miraban pasar silenciosas. Parecía que dondequiera que Dios levantaba a un líder de verdad e integridad, las autoridades lo destruían. Aunque estaban acostumbrados, no podían hacer nada, y se sentían amargados y cínicos. ¿Será culpable de verdad? se preguntaban algunos. Quizás las autoridades tenían razón.

Las cadenas le herían las muñecas, y con la poca fuerza que le quedaba luchaba por erguir su emaciado cuerpo. Ser quemado en la hoguera era algo horroroso. Los afortunados morían rápidamente. Pero para algunos, se tomaba 45 minutos o más. ¿Cuánto se le tomaría a él? Las palabras de Pablo de 2 Corintios 4:17,18 quizás le daban ánimo: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” Él le había escrito a un amigo diciendo que Dios, o apagaría las llamas, o le daría la valentía para soportar la ardiente prueba. Él confiaría en Dios, no en sí mismo.

RECUERDA SU JUVENTUD

Cuán irónico que él muriera por las verdades que John Wyclif había recobrado. A diferencia de Hus, su héroe había muerto en la cama.

La primera vez que Hus fue expuesto a los escritos de Wyclif fue cuando Hus estaba terminando los estudios para su título en la Universidad de Praga. Al principio Wyclif lo ofendió. Demasiado radical, pensó. Tan diferente de las tradiciones que enseñaban otros. Pero cuando fue a la Biblia, sus argumentos contra el razonamiento de Wyclif se disolvieron. Era material revolucionario, pues Wyclif enseñaba que la libertad de conciencia y el sacerdocio de todo creyente que siguen a la elevación de la Escritura estaban sobre las enseñanzas de los hombres.

Hus sabía por intuición cuán costosas serían estas radicales ideas. El cemento que unía al cristianismo era la autoridad del papado. Poner la Ecritura en un plano mayor que el del Papa era amenazar la misma tela de la vida y cultura medievales.

Recordaba sus felices años en la Universidad de Praga cuando él y sus amigos leían a Wyclif, y luego la Biblia para ver si Wyclif tenía razón. Se reunían para hablar de las radicales verdades de Dios y orar. La Universidad de Praga estaba a la vanguardia, y había un sentido de gran exhilaración al vivir en medio de un cambio tan radical.

UN MINISTERIO DE PODER

Aunque él era un estudiante mediocre, se recibió con dos títulos. Recordaba el gozo de su ordenación y de su primera experiencia de predicar en el poder de Dios. Su don le abrió camino. En 1402, cuando tenía 30 años de edad, la Bethlehem Chapel [Capilla Belén], la gran estación de predicación en Praga, le pidió que fuera su pastor. Ahí él predicaba la Palabra de Dios dos veces al día. Una unción poco común estaba sobre él. En poco tiempo, las hambrientas multitudes se desbordaban por las calles circundantes.

Él recordaba cómo su creciente gozo en la Palabra de Dios en Bethlehem Chapel igualaba su creciente detestación de las iniquidades cometidas por sus compañeros sacerdotes. El celibato era un chiste. Muchos clérigos flagrantemente vivían con concubinas. Algunos tenían hijos y nietos. Cómo había aumentado su ira cuando el Papa Juan XXIII comenzó a vender el perdón de los pecados a ignorantes campesinos para así levantar un ejército y hacer guerra contra la ciudad de Nápoles.

Como Juan el Bautista, fue profundamente agraviado por el rey, los nobles, los prelados, los clérigos, y los ciudadanos que todos a una se indulgían en avaricia, orgullo, borrachera, lascivia, y toda clase de libertinaje. En medio de todo esto él permaneció como una conciencia encarnada. ¿Quién se puede erguir a una tarea semejante? Él no pudo. Era necesario tener el ánimo y la fortaleza de Dios.

Él había gozado de 12 buenos años en la Bethlehem Chapel. Fueron los mejores de su vida. Con gozo él vio a Dios usar su predicación para cambiar a miles de corazones y vidas. Hasta la reina le había pedido que fuera su confesor. La ciudad de Praga, y toda la nación de Bohemia, había comenzado a volverse a Cristo. Inspirado por el contenido de los escritos de John Wyclif, él seguía predicando la Palabra de Dios.

Él comprendía que su creciente fama y popularidad amenazaban el control papal de Bohemia. Recordaba el interdicto que el Papa impuso en Praga. Para proteger a Praga, él se alejó al campo. Y ahora se encontraba aquí. Él siempre había dicho: “Es mejor morir bien que vivir mal.” Necesitaría de toda la gracia de Dios para morir bien.

El mariscal le puso al cuello el mohoso collar de hierro y lo aseguró a la estaca de metal. La silenciosa multitud miraba aprensivamente. Los soldados amontonaron la paja y la madera hasta llegarle a la barbilla.

Quizás él pensaría: ¿Dejaré algún legado?¿Ha sido en vano mi vida? Pero Dios había prometido: “Silenciarán al ganso (Hus quiere decir ganso en el idioma checo), pero dentro de 100 años de sus cenizas levantaré a un cisne que nadie jamás podrá silenciar.” “Dios mío, dame fortaleza”, oró. “Mi esperanza está en ti. No tengo ninguna fuerza en mí.”

Luis de Bavaria, el mariscal, se acercó y rogó a Hus que renunciara a sus errores y así preservara su vida. “¿A qué errores he de renunciar?” preguntó Hus. “No soy culpable de ninguno. Llamo a Dios como testigo de que todo lo que he escrito y predicado ha sido con el propósito de rescatar a las almas del pecado y la perdición; y por lo tanto, con el mayor gozo confirmo con mi sangre esa verdad que he escrito y predicado.”

El mariscal ordenó que se encendiera el fuego, y a medida que subían las llamas, Hus comenzó a cantar “Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí.” Después de tres versos las llamas ardían furiosas y apagaban la voz de Hus. Por fin cesó de cantar. Fortalecido por la gracia de Dios, Hus pereció para la gloria de Dios en el horno del martirio. De tales hombres este mundo no es digno.

Posdata

Cuando llegó a Praga la noticia de la traición de Juan y de la muerte de Hus en la hoguera, irrumpió el desorden civil. La gente había probado la verdad de la predicación de Hus y no podía volver atrás.

El Papa levantó un ejército de 150.000 e invadió a Bohemia. Desesperanzados y rezagados, los ejércitos husitas fueron dirigidos por Jan Zizka, un valiente soldado con un solo ojo, a 5 victorias consecutivas a través de 15 años. Los triunfos de los husitas, con Zizka como caudillo, comprenden uno de los relatos más maravillosos, aunque poco mencionado, de la historia. Usando tácticas con 200 años de adelanto – y a veces rezagados de 10 a 1 – Zizka movilizó a un ejército de campesinos y repetidamente vencieron a los mejores ejércitos profesionales de Europa. “Un mayor milagro no se ha encontrado en los anales de la guerra”, escribió Lynn Montross.

Dios cumplió con su promesa a Hus. Ciento dos años después, Martin Lutero clavó las 95 tesis en la puerta de su iglesia en Wittenberg, y así comenzó la Reforma. Jan Hus no murió en vano.

 

Fuente:

http://ag.org/enrichmentjournal_sp/200303/200303_114_His_story.cfm